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Un cambio tajante

La Ley, ¡pervertida! Así inicia la gran obra La Ley de Frédéric Bastiat escrita en 1850. Hoy, 164 años después, dichas palabras son más ciertas que nunca. La ley, pervertida, distorsionada, prostituida y violada. La democracia, abusada, convertida en la herramienta de las mafias modernas. La justicia, asesinada, utilizada para proteger al criminal. ¿Y el ciudadano? El ciudadano desamparado y desprotegido, se queda pagando las deudas.

Bien lo ha dicho Molotov. El pan ya no alcanza y el circo no divierte. El pueblo desilusionado, cansado, resignado. ¿Cuántos años nos matamos entre salvadoreños? ¿Para qué? Hoy, ¿cuántos salvadoreños siguen muriendo diariamente? ¿Cuántos políticos se siguen enriqueciendo ilícitamente? ¿Cuántos salvadoreños ven una diferencia real en su día a día?

Frustración. Ese es el gran legado de la posguerra. Una ciudadanía frustrada. Una generación frustrada y resignada. Harta realmente. La libertad, la democracia, la paz. ¿Realidades o propaganda? Quisiéramos poder cambiar el canal de este terrible reality show en la cual actúan nuestros "líderes," pero tristemente es la realidad nacional, y de ella se formará nuestro futuro.

"Es que no hay líderes. No hay en quien creer." Las excusas de una generación pasiva. Lastimosamente la pasividad es contagiosa, y nuestra infección está crítica. Pero como nos ha querido demostrar Julian Assagne, el coraje también es contagioso, y sólo hace falta que alguien encienda su llama.

¿Quién es el líder entonces? ¿Quién es el encargado de encender esta llama? En Venezuela, María Corina Machado dice que el líder eres tú. ¿Será?

Triste nuestro legado cultural de buscar al jefe. Hemos sido condicionados por nuestra historia a esperar a que el cacique actúe y a pedir permiso. ¿Y nosotros? Pues el jefe nos dará nuestro lugar cuando sea nuestro tiempo. Para mientras seamos niños buenos…

Oí decir una vez a Dagoberto Gutiérrez que el ser humano es el único animal subversivo, pues es el único que busca cambiar su realidad. Seamos subversivos entonces. Auténticos rebeldes. Pero la realidad no se cambiará mientras sigamos esperando que alguien más se dé cuenta de los errores que se han cometido. Somos nosotros los que debemos tomar el liderazgo en las batallas que se nos avecinan.

La libertad, la democracia, la paz. Ideales que se mantendrán perdidos y olvidados hasta que obliguemos a nuestra clase política a rendir cuentas. Los políticos se nutren de nuestra apatía, de nuestra pasividad, de nuestra frustración y resignación. Los fortalece y empodera. Son hoy más descarados que nunca. Pero rápido les temblarán las piernas si nuestras voces despiertan y demandan sus cabezas.

No caigamos en los juegos políticos. Están orquestados para distraernos. Nuestras voces juntas deben demandar lo mismo. Un cambio tajante, genuino y permanente. Todos conocemos lo que Einstein decía de la locura. No podemos esperar que los mismos de siempre logren algo diferente. En las palabras de María Corina, el líder eres tú. Si no despiertas, si no actúas, si no asumes la responsabilidad de liderar, nunca lo lograremos.

*Colaborador de El Diario de Hoy.