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¿A cambio de qué?

Que no les extrañe, hermanos salvadoreños, que a algunos políticos no les guste que se hable de combatir la corrupción

La semana pasada la Asamblea Legislativa con 81 votos aprobó su presupuesto del año 2016, incluyendo un incremento en remuneraciones de $3 millones, lo que significa que los salvadoreños ahora le damos a la Asamblea $59 millones al año, es decir $702,380.95 por cada diputado.
 
El presupuesto supone que los trotamundos recibirán $1.3 millones en viajes y viáticos, equivalente a $15,476.19 al año por cada diputado. 
En alimentación, los diputados devoran $224,220 al año, es decir $2,669 por diputado. Cuando el dinero no les cuesta, es fácil hacer grandes banquetes. 

El exorbitante gasto de seguros de $5.3 millones simplemente es inexplicable. Este gasto individualmente es el 9.5 % de los gastos corrientes, lo cual es particularmente alto. 

Paro de contar con los $250,000 de los vehículos que “tienen” que comprar, no por falta de datos, sino porque el despilfarro va más allá de lo tolerable.

En tiempos en los que la población está con grandes dificultades llevando la comida a la mesa, y se enfrenta con una creciente inseguridad, estos datos son simplemente abominables. 

Lo más decepcionante de la actuación de la Asamblea es que parecería que es uno de los frutos de Ataco. Se comprueba que los partidos políticos sí pueden llegar a acuerdos, sin embargo, solo cuando se trata de gastar el dinero del pueblo. 

Sin que sea de extrañar, no hubo oposición ni forcejeo a la hora de repartir el botín. Lo único que aparentemente pasó, es que ARENA pidió que se revelara el nombre de los asesores a cambio de sus votos. Es decir, se pidió que a cambio de incrementarse las remuneraciones, se cumpliera con el fallo de la Sala de lo Contencioso. Esto se traduce en: “Estoy de acuerdo en que TODOS nos subamos el sueldo, siempre y cuando se cumpla la ley”. 

El sabor agridulce de ese argumento, nos deja las siguientes preguntas: 
¿Por qué se negocia con el dinero del pueblo la transparencia que es obligatoria? 
¿Es en realidad eso una negociación o una respuesta para salir al paso? 
¿A cambio de qué dieron todos los partidos sus votos? 
¿Está trabajando la oposición en ser un contrapeso a favor del pueblo? 
¿Están usando la lógica de defender a la población o la de jugar el juego de los políticos de siempre? 
¿Hay oposición real o es un circo? 

Que no les extrañe, hermanos salvadoreños, que a algunos políticos no les guste que se hable de combatir la corrupción. No es inesperado que las fuerzas oscuras (corruptos y corruptores) inicien campañas de desprestigio y desinformación para evitar la formación de una Comisión Internacional contra la Impunidad (CICISV) en nuestro país. Los que temen al escrutinio de la población, incluso dirán que es solo un grupo el interesado en que se instale una CICISV. 

Usarán toda argucia para justificar que la fiesta siga, incluso llegando a sugerir que la justicia no debe buscarse, porque no se juzgaron oportunamente a corruptos del pasado. Este pensamiento solo afirma que la búsqueda de justicia de algunos políticos aplica siempre y cuando esa justicia se le aplique a sus adversarios. 

Es casi seguro que los que se ponen de acuerdo en subirse el sueldo parejo, reflexionen que una CICISV pudiera descubrir sus componendas, y que la pregunta ¿a cambio de qué? termine resolviéndose. 
 


*Colaborador
@luisportillosv