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¿Cambio de estrategia?

Aunque por lo general a mayor cantidad de recursos, mejora la probabilidad de darle solución a un problema, no parece que sea el caso de los últimos 3 años en materia de seguridad en nuestro querido El Salvador 

Mucho se ha hablado sobre la necesidad de más recursos para combatir las estructuras terroristas, y aunque por lo general a mayor cantidad de recursos, mejora la probabilidad de darle solución a un problema, no parece que sea el caso de los últimos 3 años en materia de seguridad en nuestro querido El Salvador. 

En el año 2013, el Ministerio de Justicia y Seguridad contó con un presupuesto de $356 millones, para el 2014 se mantuvo esa misma cifra, la cual en el año 2015 aumentó a $422.7 millones, un incremento de $66.7 millones, es decir un 18.5% más que en el ejercicio anterior. 

Dada la lógica planteada, que a más recursos mayor seguridad, el resultado esperado era una reducción en índices delincuenciales, pero sucedió exactamente lo opuesto. Lo que deja la duda si realmente el problema es de recursos, o de la estrategia usada o de la ejecución de la misma.

Si tomamos los homicidios como índice principal del clima de inseguridad, observamos las siguientes cifras para esos mismos años; en el 2013 tuvimos 2,492 muertes violentas, para el año 2014 el numero incrementó a 3,912 y para el 2015 que acabamos de concluir, tuvimos la exhorbitante cifra de 6,657 muertes violentas, el más alto dato desde la firma de la paz. Es decir, para estos últimos tres años, con más recursos, vimos un incremento en índices delincuenciales. 

A nivel mundial, el numero de homicidios se mide en relación a cada 100,000 habitantes. En el 2015, usando dicha medición, en El Salvador tuvimos 103 muertes violentas versus Estados Unidos que tuvo únicamente 4 asesinatos por cada 100,000 habitantes. Es decir, tuvimos un índice 26 veces mayor al del vecino del norte. Para comprender la gravedad del problema, Estados Unidos, con una población de 323 millones de habitantes, tuvo únicamente 13,309 asesinatos en el 2015. Nosotros, con una población de escasamente 6.3 millones, tuvimos 6,640 muertes violentas en el mismo periodo. El primero de enero de 2016 en El Salvador fallecieron 35 personas producto de la violencia; en Estados Unidos, con una población 51 veces mayor a la nuestra, perdieron la vida únicamente 22 ese mismo día. Simplemente no hay forma de explicar el tamaño de la tragedia actual. 

Ante la sangrienta realidad que vivimos pregunto: ¿Habrá un cambio de estrategia en el combate delincuencial para el 2016? ¿Podemos esperar del gobierno y del principal partido de oposición trabajo en equipo para superar la crisis? ¿Se tratará a las maras como los grupos terroristas que son? ¿Van a entrar en acción los batallones de reacción del ejército? ¿Por qué no se reorienta el presupuesto de publicidad de todas las carteras a seguridad? ¿Se evaluará si los CAM pueden integrarse al combate de la delincuencia? ¿Realmente creemos que vamos a superar la crisis económica sin resolver primero el problema de seguridad? 

Ya estamos tarde para averiguar quién tuvo la culpa, la crisis actual se debe resolver, no para triunfo político de nadie, sino por el bien de las actuales y futuras generaciones. Tanto el hombre de a pie, como el que transita en camioneta blindada y guardaespaldas, pagan el precio de la delincuencia, de diferente manera sin duda, pero ninguno está exento de este flagelo que tiene de rodillas a nuestra sociedad. La buena noticia es que hoy igual que siempre, si lo buscamos, Dios nos guiará para salir de esta crisis. 


*Colaborador de El Diario de Hoy.
@JPELSALVADOR