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Buscándole solución a nuestra caficultura

Como caficultor creo representar los sentimientos de la mayor parte de los que trabajamos en el sector, en cuanto a que realmente nos interesa que la caficultura de El Salvador mejore

Estimados lectores y amigos caficultores: Recientemente, después de varios intentos, se eligió la junta directiva de Procafé, fundación para la investigación del café. Esta es, a mi parecer, la institución más importante a favor de la caficultura salvadoreña pues se dedicó seriamente a la investigación y desarrollo del cultivo. De su investigación propia y de la heredada de su antecesor, el ISIC, Procafé tiene una base de conocimiento importantísima, que había venido siendo trasladada a los productores mediante asistencia técnica. 

Desafortunadamente Procafé prácticamente ha dejado de funcionar debido a un tema político, a pesar de que los caficultores seguimos aportando para investigación sobre café.

Como caficultor creo representar los sentimientos de la mayor parte de los que trabajamos en el sector, en cuanto a que realmente nos interesa que la caficultura de El Salvador mejore en base a investigación, desarrollo y transferencia tecnológica.
 
La caficultura en El Salvador está pasando por la peor crisis de su historia;  para dimensionar esto les quiero dar algunos datos: La producción de café oro en el año 1999/2000 fue de 3.8 millones de quintales; el año pasado fue de 700,000 quintales. Después de tener institutos como ISIC y Procafé, que se distinguieron mundialmente por la investigación y desarrollo, ahora no tenemos nada. 

Tuvimos 230,000 manzanas de cafetales y ahora con suerte podríamos tener unas 170,000. En el 2011 la roya del cafeto afectó el 80% de las zonas cafetaleras, reduciendo las cosechas actuales a los niveles de 1932. El precio actual del café en el contrato C no cubre los costos de producción, la delincuencia tiene secuestradas las zonas agrícolas, cobrando rentas y extorsiones a los caficultores y asediando a los trabajadores con la muerte.

 La infraestructura social en las zonas cafetaleras (calles, caminos, escuelas, salud) está descuidada. Y para colmo el cambio climático nos mantiene fuera de base, pues cambió la fenología del café (los periodos de floración y cosecha). Todo esto ha resultado en la pérdida de empleo rural e industrial (beneficios), en pérdidas en ingresos e impuestos para el país y en el riesgo que desaparezca el único bosque que nos queda.

Estamos mal y entonces ¿qué hacemos? Mi primera sugerencia es pedirle a Dios que nos ilumine y luego ponernos a trabajar, pero no para nosotros mismos sino para la caficultura de todos. Es momento de retomar el trabajo pero con la seguridad de que lo que hagamos será efectivo porque estamos en una crisis sin precedentes. 

El llamado es para los dirigentes de las instituciones privadas que representan la caficultura para que dejen a un lado sus diferencias y que nos den más confianza a los caficultores para que los apoyemos en la tarea de fortalecer las instituciones como Procafé. Y al gobierno para trabajar con el sector privado con una visión de país, para juntos definir una política sectorial de largo plazo. 

Todos  debemos hacer nuestro trabajo bien hecho, ya no hay tiempo para equivocarse. 

*Colaborador de El Diario de Hoy.