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Se busca nuevo patrocinador para la izquierda salvadoreña

Como bien mencionara Steve Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins, la historia actual de la economía venezolana es una que fácilmente podría resumirse en cuatro palabras: de mal en peor. La cifra oficial de inflación del 50%, de por sí preocupante, es además completamente falsa. El profesor Hanke ha medido la verdadera inflación a través de su proyecto "Troubled Currencies", en el que analiza las tasas de cambio de diversas monedas en el mercado negro para calcular las verdaderas tasas de inflación. En Venezuela, muy a pesar del 50% que afirman tener, la inflación ya alcanzó un 283%. Maduro, con tal de evitar responsabilizarse, ha declarado la guerra a las páginas web que monitorean las tasas de cambio en el mercado negro, afirmando que sólo promueven imágenes falsas.

El gobierno de Maduro ha culpado de la inflación a los comerciantes, acusándolos de codicia o de estar librando una guerra económica contra su proyecto político, buscando evitar la responsabilidad que le corresponde: que la inflación proviene del gasto estatal desbocado, de tener a la máquina de imprimir billetes en el Banco Central trabajando horas extra y de la consecuente devaluación desenfrenada del bolívar. La inflación es mejor descrita como el impuesto a los pobres, pues encarece bienes básicos al punto de volverlos inalcanzables. Intentar controlar la inflación a través de controles de precios sólo termina en escasez que afecta a las poblaciones económicamente vulnerables y en tragedia para los comerciantes.

El presidente Maduro, desafiando el sentido común y la lógica económica, ha respondido a la crisis imponiendo controles de precios que apenas cubren un porcentaje del costo de los productos. Los comercios han sido vandalizados y las imágenes de los propietarios de diferentes tiendas, incapaces de contener el llanto ante la ruina económica que para ellos implican estos saqueos patrocinados por el Estado, son desgarradoras. Por oponerse a tales medidas, han sido castigados con la cárcel. Maduro ha justificado los encarcelamientos y los saqueos diciendo que son sólo las primeras de muchas medidas que tiene planeadas contra la burguesía. Estas declaraciones son especialmente cínicas, pues muchos de los millonarios "boliburgueses" (aquellos que se han beneficiado económicamente del régimen y la corrupción) se pasean libremente por el mundo.

El pueblo venezolano está desprotegido ante los atropellos de su mandatario, pues en el marco de la crisis política que el caos económico está desatando, la Asamblea Nacional decidió investir a Maduro de poderes especiales, que le permiten gobernar por decreto. La anterior estrategia, que escandalizaría a cualquiera con una mínima vocación democrática, es sacada del manual de autoritarismo de Chávez, que en sus catorce años en el poder consiguió a punta de decreto introducir al ordenamiento jurídico venezolano más de 200 reformas legales y nuevas leyes. Si las que planea introducir Maduro tienen los devastadores resultados que su control de precios ha causado las pasadas dos semanas, hay poco lugar para ser optimistas acerca de la economía venezolana. Bien harían aquellos cuyos proyectos políticos enteros dependen de la financiación venezolana, en buscarse otro patrocinador.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.