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¡"Bullying" político nunca más!

Cuánto celebro que actualmente haya campañas por todas partes contra esa infamia que otrora llamamos "bola negra", "comités de bienvenida" o marginación, acoso, descrédito, chantaje u hostigamiento gratuitos y que ahora se conoce como "bullying".

Muchos de nosotros sufrimos alguna vez esa forma de violencia sicológica y hasta física en nuestros vecindarios, escuelas y oficinas. La práctica iba desde el nombramiento con apodos peyorativos hasta el chantaje y la permanente discriminación y descrédito.

Afortunadamente ahora hay campañas de concientización y sensibilización para proteger sobre todo a los niños, porque quedan expuestos a caer en un abismo de frustración, paranoia y hasta de muerte.

Sin embargo, en un tiempo en que irónicamente tanto se habla de "inclusión social" y conciliación, también está el "bullying" político, como lo hemos visto sobre todo en la campaña anterior, en el que se utilizan todos los medios posibles para desacreditar al adversario a veces a partir de ataques directos, medias verdades o simples insinuaciones para multiplicar la duda y satanizarlo creyendo aquello de que "una mentira repetida mil veces se convierte en verdad".

Todas esas son formas de violencia, si no física, sicológica, que merecen combatirse, pues no son más que ausencia de ética y principios y valores morales.

Si tengo algo contra alguien, lo enfrento, hablo con él y le doy la oportunidad de escucharlo.

Bien me dice un amigo muy sabio que "no hay nada peor que hablar mal de alguien que no esté presente, que no puede defenderse", algo que redujo a una sola palabra: "cobardía".

Ojalá que con el cambio de gobierno el "bullying" político se destierre y el fanatismo no salga a relucir para purgar a quienes no simpatizan con el partido en el poder, sino que priven la razón y lo que tanto se pregona: la inclusión.

El gobierno entrante ha prometido un diálogo con todos los sectores y ha dado signos importantes de buscarlo, pero nada abona que los mandos medios del partido en el gobierno estén tratando de hacer creer a la militancia, sobre todo a los más humildes, que sólo el 50.11 del electorado que votó por FMLN "es el pueblo" que "derrotó al COENA", como si no significara nada ese otro 49.89 % que no votó por ellos y que es prácticamente la mitad del electorado. Mucho ojo con este detalle.

Es como Maduro en Venezuela, que obtuvo en las elecciones el 50.66 % de sufragios, pero insulta y ningunea diciéndoles "fascistas" al 49.07 % de la población que votó por Capriles.

Esas mitades ciudadanas, constituidas por ricos y pobres que trabajan por el país, pagan impuestos y votan, merecen respeto y que se les tome en cuenta. Ningunearlas puede acarrear sorpresas.

Precisamente por allí debe comenzar la tan llevada y traída inclusión: por la apertura para todos los sectores y el destierro de toda forma de violencia y polarización, sobre todo si se hace usando los medios y recursos del Estado para destilar resentimientos y llevar a linchamientos políticos de opositores sólo por lo que expresan.

En un país como El Salvador todos necesitamos de todos.

¡"Bullying" político nunca más!