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Brasil, Argentina, y el cambio en América Latina

Los primeros rasgos de este sinérgico giro sudamericano los veremos ahora en Caracas. No pecaría de pesimista quien piense que con Nicolás Maduro solo se espera lo peor tras los resultados de las elecciones a la Asamblea

Kissinger decía que Latinoamérica seguiría el destino del Brasil. No es así. Lo evidencia la inmunidad de la Alianza del Pacífico (AP) frente a la crisis brasileña, ahora agravada por el juicio político para vacar a la Presidenta Rousseff. Un calvario de duración y resultado inciertos, que involucra políticamente a Lula, padrino de la corrupción en el Partido de los Trabajadores (PT). 

Es una triste coyuntura que coincidirá con otros hechos cruciales: las conflictivas elecciones en Venezuela; la política externa y la apertura económica del presidente argentino Macri; el referéndum vinculante que aprobará o no lo negociado por el gobierno colombiano y las FARC; la reforma del MERCOSUR; el descalabro del ALBA; el desprestigio creciente de UNASUR; el resurgimiento de la OEA, y un etcétera posiblemente largo. 

Los primeros rasgos de este sinérgico giro sudamericano los veremos ahora en Caracas. No pecaría de pesimista quien piense que con Nicolás Maduro solo se espera lo peor tras los resultados de las elecciones a la Asamblea; la Argentina de Macri endurecería su firme posición contra el chavismo y contra la complicidad de UNASUR presente en Caracas para legitimar lo que convenga a la dictadura. 

El anuncio del juicio contra Dilma Rousseff levantó la bolsa de Sao Paulo en 4.08 %. Las desvalorizadas acciones de Petrobras subieron el 7 %. Se explica porque los negocios creen ver el fin de la turbulencia política y la recesión. 

Las visitas de Macri al Brasil y a Chile han oxigenado a dos presidentas impopulares. Es un beneficio negado a nuestro mandatario, Ollanta Humala, a pesar de la amistad histórica que nos une con Argentina. Sus inoportunas e innecesarias declaraciones absolviendo a Rusia en el delicado incidente aéreo con Turquía nos alejan de la Unión Europea y de Estados Unidos. En el momento más poco adecuado, el nacionalismo compite con el ALBA para acercarse al problemático Putin, ofreciéndole una amistad “estratégica” que, al mismo tiempo, obstaculiza la negociación del importante TLC peruano-turco.

La revitalización de la alianza con Rusia recuerda el gesto velasquista de Humala cuando su hermano Alexis se entrevistó con el Canciller ruso el mismo día que, como Presidente electo, él visitaba Washington. Es un postrero retorno al desfasado No Alineamiento que no calza con nuestra aspiración a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD). 

Aunque la política exterior importe poco en el Perú, las contradicciones y los malos pasos en diplomacia suelen tener efectos perdurables. 


*Embajador peruano.