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En biotecnología agrícola, estamos atrasados

El país está en déficit con la biotecnología, por la ausencia de una visión dirigida al incremento de la productividad

Me llamó la atención una publicación reciente sobre las dificultades a las que en los últimos cuatro años se enfrenta el sector agrícola en El Salvador, a raíz del cambio climático y la proliferación de plagas y malas cosechas. Esta problemática ha abierto nuevamente el debate sobre el uso de semillas genéticamente modificadas (transgénicos) como alternativa para hacer frente a la reducción de la producción de granos básicos.

Si consideramos que la agricultura es una actividad vital, también es de considerar que es una de las más agresivas en contra del medio ambiente. En la búsqueda de reducir el impacto negativo de esta actividad sobre el medio ambiente y la diversidad biológica, la biotecnología es una de las herramientas más valiosas para lograr esa agricultura sostenible. 

Al usar semillas con tolerancia a herbicidas, con la siembra de cultivos genéticamente modificados, como maíz, se reduce sustancialmente el uso de agroquímicos para mantener a la planta con vida, evitar que sea dañada o destruida por las malezas. Esta propiedad de tolerancia a herbicidas disminuye el daño al suelo por uso de químicos. Así mismo, la propiedad de ser resistente a los insectos que atacan a la planta, disminuye la utilización y aplicación de plaguicidas para el control de insectos. De esta manera se contamina menos el suelo y también se reduce el impacto ambiental de la aplicación de químicos contaminantes. 

Con un mayor rendimiento de los cultivos, por el menor uso de plaguicidas y herbicidas, la biotecnología permite que los cultivos tengan mejores y mayores rendimientos en comparación a los métodos convencionales de cultivo, ya que esta protección genética ayuda a los agricultores a combatir a las plagas y las malezas, por la semilla misma, reduciendo así los costos de los cultivos. 

Tradicionalmente, los suelos dedicados a la agricultura son sometidos a labores de labranza intensa (arado) para el control de las malezas y la preparación de la tierra para la siembra, lo que los hace propensos a la erosión y a una grave pérdida de agua. Las tareas de labranza podrían disminuirse o incluso eliminarse, gracias a la incorporación de cultivos genéticamente modificados que prosperen en condiciones difíciles del suelo, como la erosión o que puedan germinar con menos cantidad de agua. Así mismo, aquellos cultivos que son resistentes a las enfermedades de las raíces, las cuales son controladas por medio de la labranza, disminuyen los costos de labranza.

Condiciones climáticas extremas como la sequía, heladas e incluso inundaciones, han afectado los cultivos alimentarios. Hoy en día, estas amenazas se ven acentuadas debido al cambio climático. Los investigadores ya se encuentran trabajando en desarrollar cultivos genéticamente modificados resistentes a condiciones climáticas extremas, a través de la incorporación de genes de especies vegetales que son resistentes a la falta de agua, lo que reduce la deshidratación en época de sequía al tiempo que se disminuye la cantidad de agua necesaria para su riego. Maíz, caña de azúcar, yuca, arroz y papa, son afectados por la sequía y científicos de todo el mundo trabajan en el desarrollo de estos cultivos para que sean resistentes a esa amenaza. Esto es una esperanza para países que se ven afectados por las olas de sequía o por la escasez de agua por el cambio climático.

 Los científicos también trabajan en la introducción de genes o grupos de genes de especies adaptadas a climas extremos que otorgan a las plantas una mayor tolerancia al frío, así como en plantas que son más resistentes al exceso de agua.

El país está en déficit con la biotecnología, por la ausencia de una visión dirigida al incremento de la productividad.

* Colaborador de El Diario de Hoy.
resmahan@hotmail.com