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El Big Ben y la crisis del personalismo

Hasta la fecha, los humanos nos seguimos desgastando con el paso del tiempo. Ya sea en el fútbol americano o en la capacidad de dirigir sin enfermarse de poder, con los años el juicio se nubla y la toma de decisiones se entorpece

¿Qué es más apasionante que discutir semana con semana el fútbol americano? Únicamente comparar este deporte con la colorida fotografía política de nuestra región.

Hace unos meses,  en este mismo medio, publiqué una columna titulada “La cortina de acero” en la que, con una pizca de nostalgia por tiempos que no viví, comparaba a la mítica defensiva de los Acereros de Pittsburgh de los Setenta con la defensa de la libertad, la cual debe predecir cada movimiento de sus adversarios, proceder con firmeza pero caballerosidad y recordar que en la constancia está la clave del triunfo.

Al final de esa nota prometí hablar de la ofensiva y ha llegado el momento de hacerlo.

Al inicio de la temporada 2015, analistas de diversos medios calificaron a los Acereros de Pittsburgh como una de las ofensivas más peligrosas de la NFL. El avance constante del cuadro de corredores se combina con la seguridad que brinda un grupo impresionante de receptores, ágiles, seguros y confiables. Y la verdadera llave de las victorias está en su mariscal de campo, el fornido pero atlético “Big” Ben Roethlisberger. Y es ahí donde reside el arma de doble filo de los negros y amarillos de Pittsburgh.

El 27 de septiembre, en el enfrentamiento entre Acereros y Carneros (de San Luis, Misuri) una captura a Roethlisberger le produjo una lesión de rodilla que lo ha dejado fuera del juego por varias semanas. ¿El resultado? Una ofensiva desmotivada, que sin su líder no encuentra las rutas de triunfo y se ha enfrentado a un tremendo vacío de poder.

Podrá usted preguntarse, ¿y eso a mí, que no disfruto el fútbol americano, qué me importa? Pues mucho, al parecer.

El fracaso del proyecto ofensivo de Pittsburgh es análogo al declive de muchos proyectos políticos alrededor del mundo, particularmente en nuestra región latinoamericana. Confiar ciegamente en una persona y sustituir un entramado institucional complejo por simples estructuras al servicio de esta es una apuesta peligrosa e incierta.

Seguramente habrá tiempos dorados donde un liderazgo expedito y efectivo legitime la concentración del poder. La burocracia se minimiza y las soluciones llegan más rápido de lo usual. Es en estos momentos cuando se cae en el error de pensar que estas épocas de gloria no terminarán y se deja de lado la construcción de frescos liderazgos, con pensamiento renovador y disruptivo. “No es necesario”, dirán algunos, “si ya tenemos quien nos saque adelante”.

Hasta la fecha, los humanos nos seguimos desgastando con el paso del tiempo. Ya sea en el fútbol americano o en la capacidad de dirigir sin enfermarse de poder, con los años el juicio se nubla, los reflejos disminuyen y la toma de decisiones se entorpece. 

El gran fracaso de la política latinoamericana –y la salvadoreña también--  es la fe en las personas. Sustituir estos cuadros resulta virtualmente imposible “por las buenas” y en el proceso el entramado institucional que debería servir precisamente para limitar al personalismo se deslegitima. Curiosamente, cuando el juicio del inamovible líder se vuelve decadente e insensato, en lugar de limitar su poder pensamos que es hora de sustituirlo por otro puño fuerte y así, por décadas cambia el apellido del gobernante mas no el vicio personalista.

En fin, nuestros países tienen mucho que aprender de los Acereros de Pittsburgh y su ofensiva: 

Primero, que el talento de un grupo sirve de muy poco si un proyecto se condiciona a la cordura y capacidad de un solo líder. El conocimiento en una sociedad es disperso y confiar en uno es confiar en perspectivas muy limitadas.

Segundo, que no se puede pretender tener influencia e impacto por muchos años si no se generan nuevas figuras. Esto aplica para países, partidos políticos y fútbol americano, por igual. Para sobrevivir, es imperativo innovar y sembrar nuevas semillas.

Tercero, que mientras esto no suceda y los Acereros sigan perdiendo, solo nos queda esperar que vuelva “Big” Ben.  Ojalá sea pronto.

*Columnista de El Diario de Hoy.