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¿Beneficios con cuentagotas para la población?

Con excepción del torrente de propaganda sobre los programas sociales desatado por el expresidente Funes con dinero de los contribuyentes y una más mesurada sobre el mismo particular de la actual administración en la última campaña electorera, el gobierno no ha dicho nada sobre qué problemas nacionales ha solucionado con los citados programas.

Con respecto a la repartición de leche y algunos alimentos a los alumnos de las escuelas que por cierto el actual presidente prometió ampliar en la campaña, no se ha demostrado que el estado nutricional de los escolares ahora es mejor que el de hace seis años y mucho menos se han proporcionado cifras que permitan medir el grado de mejoría. ¿Se trata únicamente de regalar por regalar o efectivamente se enfrenta un problema nacional previamente diagnosticado?

Los programas sociales técnicamente deben ir más allá del simple hecho de regalar y crear familias dependientes del Estado, cualquier estudiante universitario sabe que un programa se diseña y ejecuta con el objetivo de solucionar un problema. Nadie duda por ejemplo que abaratar las medicinas es una cosa buena; no obstante, en el contexto de prioridades del país es mucho más beneficioso evitar que la gente se enferme y consuma medicinas. Tampoco se duda que regalar uniformes y zapatos ayuda a las familias de escasos recursos pero en términos de beneficiar a los escolares se impone prioritariamente reparar las escuelas, dotarles de servicios sanitarios decentes, proporcionar más seguridad a los alumnos y maestros y capacitar a estos últimos para mejorar la calidad de la enseñanza.

Por otra parte los programas carecen de un componente significativo de integralidad porque lo que observamos en la repartición de leche, alimentos, zapatos y útiles es que se favorecen únicamente los miembros de la familia que asisten a la escuela; sin embargo, ¿qué pasó con aquellos que se quedan en casa que también tienen necesidades? Para el caso del abaratamiento de los medicamentos ¿qué pasó con los salvadoreños que además de fármacos baratos necesitan también consultas médicas oportunas, ultrasonografías, estudios radiológicos, hemodiálisis, electrocardiogramas, transplante de riñón, muletas, anteojos, sillas de ruedas, prótesis, endoscopias de tubo digestivo, cateterismos cardíacos, dinero para pagar el transporte público y muchas otras necesidades?

La Economía para la Salud nos enseña a utilizar en la mejor forma los recursos económicos y provee mecanismos como las relaciones costo/beneficio y costo/resultado para decidir si un programa debe ser ajustado, reconvertido, replanteado o eliminado. En esa línea de pensamiento resulta evidente que algunos programas sociales deberían de ser evaluados desde la óptica de la Economía para la Salud y verificar si están cumpliendo sus objetivos porque una cosa es decir "repartimos 100,000 vasos de leche" y otra muy distinta "mejoramos el estado nutricional de 100,000 escolares". Naturalmente lo primero es "marketing" en cambio lo segundo, trabajar en verdad en favor de la niñez salvadoreña.

Técnicamente los programas sociales deben tener menos carácter de dádiva y por lo contrario más involucramiento de la tecnología, contener un componente de integralidad, enfocar un problema social concreto, establecer metas cuantitativas y cualitativas para determinados periodos, contar con el correspondiente presupuesto y los respectivos controles y monitoreos. No hacerlo en esa forma es malgastar el dinero de los contribuyentes.

*Colaborador de El Diario de Hoy.