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Beato Álvaro

Era el mes de noviembre de 1989, lo recuerdo perfectamente. Vivía en la ciudad de Roma desde hacía poco más de un año. Estaba viendo el noticiero nocturno de la RAI y las escenas que aparecían en la televisión eran espeluznantes, mostraban combates callejeros justo en la esquina de la casa donde había vivido en San Salvador antes de marchar a Italia. El locutor narraba con fría voz de circunstancias que los combates estaban siendo encarnizados, y que la fuerza aérea había efectuado ataques sobre barrios populares en San Salvador. No sabía qué pensar. La distancia no disminuía la preocupación. Era la ofensiva hasta el tope.

Al terminar las noticias fui a mi habitación para estudiar un rato, y de pronto sonó el teléfono del pasillo. Una hora insólita para que preguntaran por mí. Alguien me pedía que fuera al despacho de la dirección de la residencia de estudiantes donde vivía. Al entrar me dijo el director: ha llamado don Álvaro preguntando por ti, me pidió que te hiciera saber que nadie de tu familia ha resultado herido ni con problemas importantes en estos días en San Salvador, que reza por la paz en tu país y te pide que acudas a Santa María de la Paz para que todo cese pronto.

Me quedé muy sorprendido. Don Álvaro, Mons. Álvaro del Portillo, era el Prelado del Opus Dei. Y yo era uno de los cientos de estudiantes romanos, uno más entre muchos con los que de vez en cuando se cruzaba por un pasillo, o que participábamos en alguna ceremonia litúrgica estando él presente.

En ese instante se me vino a la memoria un suceso de seis años atrás, esta vez en Guatemala, en 1983, durante una visita pastoral que Mons. del Portillo hizo a esas tierras. En esa ocasión me acerqué a él y le dije que era de El Salvador y que le agradecía lo mucho que rezaba y hacía rezar por la paz. Me sonrió y me dijo que, efectivamente, tenía en sus oraciones diariamente a El Salvador, y que le pedía a Santa María de la Paz que se luciera y terminara el conflicto armado por su intercesión.

Y hoy me encuentro, junto con más de un millar y medio de salvadoreños, y cientos de miles de personas procedentes de todo el mundo, en Madrid, en la ceremonia de beatificación del que fue el primer sucesor de San Josemaría Escrivá al frente del Opus Dei. El Beato Álvaro será la primera persona elevada a los altares con quien he conversado, a quien he conocido y a quien he escuchado en múltiples oportunidades hablar de Dios, tanto en ceremonias litúrgicas como en encuentros familiares, informales, de esos en los que uno se siente tan a gusto que el tiempo vuela.

Uno de estos días, el encargado de las fotocopias en el colegio donde trabajo me preguntó: ¿Ingeniero, cuándo se va a Roma? Después de aclararle que la beatificación tendría lugar en Madrid, me dijo: -- Qué bueno que puede ir, fíjese que mi hermana también irá a Madrid, y después a Roma… Me quedé sorprendido, y muy contento de que muchas personas de toda procedencia (la hermana de Arnoldo, Norena, trabaja de "nana" en una parvularia) hayan podido desplazarse desde El Salvador para estar presentes en Madrid.

Estoy seguro de que hoy, como hace veinticinco años, como hace casi treinta años, el Beato Álvaro también intercederá ante Santa María de la Paz, para que cesen los problemas de violencia en nuestro país, a él me encomiendo y le pido que nos ayude a vivir como hermanos.

*Columnista de El Diario de Hoy.

@carlosmayorare