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La batalla es por la democracia

En las elecciones del próximo año lo que está en juego es la supervivencia de la democracia. Los mensajes electorales a veces confunden a los ciudadanos. Nos presentan una realidad disfrazada para motivar el voto y en eso pecan la mayoría de partidos políticos. En esta elección presidencial no está en juego la lucha de las extremas. Lo que está en juego es la esencia misma de la democracia. Hace 21 años con los Acuerdos de Paz se delineó la democracia salvadoreña. Y aunque obviamente los modelos democráticos siempre pueden mejorarse, esa negociación puso fin a un conflicto en ciernes que había iniciado unos 100 años antes con la eliminación de los ejidos.

La ciudadanía está llamada a elegir a aquel candidato y partido que mejores garantías pueda dar de consolidar la democracia. Nadie está exento de culpas. Sólo basta revisar el debate sobre los asesores en la Asamblea Legislativa para ver cómo todos los partidos políticos se han visto a palitos decidiendo si cumplir con las exigencias de la ley. En varias ocasiones he insistido que no es fácil estar en la mira de la ciudadanía con las exigencias de la democracia, pero si han decidido vivir de la política deben estar preparados para ellas.

Ni GANA, ni PCN, ni FMLN han comenzado a revelar la información solicitada y dictaminada como pública y no confidencial. CD y PDC han dado información parcial. ARENA es el partido que ha dado más información, pero incompleta, y sólo después de la inmensa presión y exigencia de la ciudadanía. No es extraño que esté siendo el partido político de derecha el que más se muestre dispuesto a enmendar sus errores, especialmente después de haber perdido el Ejecutivo. Lo hizo con el decreto 743, después de haberlo aprobado. Ahora muestra nuevamente voluntad de escuchar a sectores externos para contribuir a consolidar la democracia.

La sorpresa de este período presidencial ha sido principalmente con el partido de izquierda. En lugar de comportarse de acuerdo a las banderas enarboladas durante tantos años, al llegar al poder se han convertido en enemigos de la democracia, de la transparencia real y de la rendición de cuentas. Es probable que haya todavía algo de debate interno, pero el FMLN ha ido limpiando de sus filas a todos aquellos revolucionarios genuinamente democráticos y se ha ido convirtiendo, al menos en parte, en lo que rechazaban durante la guerra misma. Ahora deciden además construir poder económico para dar la "guerra" en todos los frentes.

Si algo ha quedado claro con la campaña publicitaria de ALBA, es que tienen recursos. La semana pasada comenzaron con una inversión publicitaria inaudita: suplementos en los periódicos de mayor circulación, cortos en la televisión y en las radios. Sin embargo, al intentar limpiar su imagen, llevan al debate en una dirección equivocada. No tienen que defender que son empresa. No deben defender que han donado becas, pues los hemos visto con todo bombo y platillo con el candidato del FMLN. No deben defender la propiedad privada. Deben mostrar sus estados financieros y probar que no están haciendo uso indebido de los recursos que el Gobierno de Venezuela les deja a 25 años al 1% de tasa de interés.

No son una empresa con finalidad social. Según LabforCulture.org, un empresariado social es aquel que llena el vacío entre lo privado y lo público, que se vincula al tercer sector, al de las ONG, de organizaciones sin fines de lucro y que entre sus objetivos está servir a las comunidades y la sociedad más que generar riqueza para sí mismos. ALBA es un grupo de empresas que compite en condiciones desiguales y cuyo propósito no es el beneficio social. Como dijo "Deep Throat" en el caso Watergate, "follow the money" (Sigan el dinero).

*Columnista de El Diario de Hoy.