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Bajos estándares

Tiendo por lo general, a estar de acuerdo con lo que en sus columnas postula César Fagoaga en La Prensa Gráfica cada domingo. Su reciente columna sobre los aprendizajes post-electorales fue sin embargo, la excepción. Aunque comulgo con la mayoría de sus observaciones acertadísimas sobre el proceso electoral, el Tribunal y su presidente, me pareció ofensiva la declaración que hiciera del uso que el expresidente Funes da a las redes sociales, etiquetándolo como "verdulero digital".

Da gusto leer siempre las columnas de César precisamente porque domina mejor que nadie la sátira y la ironía, y tiende a escribir muchas verdades manteniéndose entre la línea del respeto y la irreverencia. Esta vez, con su alusión a Mauricio Funes, cruzó la línea: el sector de los vendedores de verduras no merece semejante comparación irrespetuosa. A diferencia de nuestro anterior mandatario, con su trabajo brindan beneficios a la sociedad.

Por eso, más que verdulero digital, lo que mejor describiría la actividad cibernética del anterior presidente es la de payaso digital (con las debidas disculpas al gremio). ¿Quién nos iba a decir que bajo la blanca guayabera se escondían semejantes dotes para la comedia? Porque tiene que ser un chiste, que alguien a su edad, pase lo mejor de sus horas regalándole improperios a quienes considera osan incomodar la serenidad de su retiro.

Innovador sería otro adjetivo apropiado para el retiro del ex -presi. Mientras sus pares latinoamericanos que ejercieron su mandato al mismo tiempo que él emprenden actividades sumamente diferentes al dejar las presidencias de sus países --Felipe Calderón es ahora catedrático en la Universidad de Harvard; Sebastián Piñera ha vuelto a dirigir sus negocios que emplean a mi- les-- Funes, tuitea.

Pero su uso de los 140 caracteres es completamente original: el otro día llamó a un grupo de reputados periodistas el "club de amigas". Se ve que con su suspicaz intelecto, su intención es mantenernos a todos mentalmente ágiles a través de ejercicios de interpretación, pues no se sabe si con "club de amigas" quiso insultar, en cuyo caso es un misógino que considera que llamar a alguien con términos femeninos es peyorativo. O quizás lo hizo por desconocimiento: alguien que se queda solo luego de que las moscas que rondan las mieles del poder vuelan lejos buscando nuevas mieles, difícilmente va a saber el verdadero significado de la palabra "amigos".

Donde se lució realmente el expresidente (arroba Funes Cartagena) fue en su participación activa en una campaña cibernética de desinformación que en un desesperado intento de defender al Tribunal Supremo Electoral y sus chambonadas decidió recurrir al ataque personal. Decidieron acusar a un magistrado de la Sala de lo Constitucional de "desestabilizador" porque asumieron que una de sus colaboradoras participó en una protesta frente a CIFCO. Usaron, para esta acusación absurda, dos fotos, una al lado de la otra, como "prueba". Lo que hizo que el ataque pasara de la mezquindad a la absoluta estupidez fue el hecho de que quienes aparecían en las fotos eran dos personas diferentes. De las cuentas de trolles se esperan semejantes absurdos. Pero de alguien que llevó la banda presidencial, uno esperaría que se elevara sobre las teorías de conspiración y los ataques ad-hominem del troll común y silvestre. Por aquello de la dignidad, pues.

La ventaja que tiene Twitter es la falta de intermediarios: es como una vitrina en que a través del uso que se le da a la cuenta puede leerse mucho de una persona: mezquindad o inteligencia, estupidez o amabilidad, capacidad de diálogo o arrogancia. Y es por eso que muchos, con la incorporación del ex presidente a Twitter, confirmamos lo que ya sospechábamos: que hemos permitido que los estándares para llevar la banda presidencial en nuestro país caigan bajísimo.

*Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg