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El auge de los valientes

Mi especialidad exige un constante y objetivo monitoreo de la criminalidad y el aparato de seguridad pública. Esta labor cobró aún más relevancia hace cinco años, ante la posibilidad de la instauración progresiva de un esquema autoritario de extrema izquierda, como el que públicamente favorece la cúpula del partido oficial tímidamente a través de su discurso y con mayor compromiso mediante su participación en proyectos transnacionales orientados a la expansión de iniciativas impulsadas por gobiernos de corte radical. La historia demuestra que, bajo regímenes autoritarios, los sistemas de justicia penal y, en consecuencia, la incidencia delictual, experimentan cambios que impactan de forma negativa la seguridad ciudadana.

Los países que han sido sometidos al autoritarismo de la extrema izquierda registran un cambio gradualmente sustancial en sus aparatos de seguridad y sus órganos de justicia, que inician un proceso de mutación a través del cual se terminan convirtiendo en armas utilizadas por el Gobierno para capturar, encarcelar y, en algunos casos, ejecutar a disidentes, opositores políticos, críticos y a cualquiera que represente una amenaza política. La misión primordial de cada una de las instituciones que componen el sistema de justicia penal pasa a un segundo plano, combatir la delincuencia se vuelve menos importante que atacar a los que están en desacuerdo con los funcionarios y el sistema de gobierno.

El surgimiento de policías secretas y de juzgados políticos es un común denominador, documentado muy bien en textos como "The black book of communism: Crimes, terror, repression" y "Terror and Communist Politics: The role fo the secret police in communist states", e ilustrado más recientemente por Venezuela.

La historia deja claro que estos regímenes utilizan la represión y terror para mantener el poder, desnaturalizando la labor de sus aparatos de seguridad y justicia. En algunos casos, hasta pactando con criminales con la finalidad de asegurar su superioridad política. Esta nueva misión de las instituciones de seguridad y justicia exige que las personas que ocupan posiciones críticas y de mando, sean leales al Gobierno, por lo que su trayectoria y preparación profesional se vuelven secundarios. El nepotismo, por tanto, se convierte en un problema grave y, ante la debilidad consecuente del combate a la criminalidad por tener gente poco capaz, se experimentan niveles de corrupción sin precedentes. Esto, a su vez, crea las condiciones óptimas para el florecimiento y expansión del crimen organizado.

La instrumentalización del Ministerio de Justicia y Seguridad Pública, la Asamblea Legislativa y la Fiscalía General de la República, en el contexto de estas elecciones ha sido evidente. Esta afirmación se puede ilustrar con ejemplos burdos como el acoso policial que sufrieron esta semana simpatizantes del partido ARENA en una actividad desarrollada en el Redondel Masferrer, hasta situaciones más complicadas como el involucramiento de un funcionario de INTERPOL en un tema de naturaleza electoral. La limpieza al interior de los cuerpos de seguridad también ha sido clara, que ha implicado la ubicación de personas incapaces (pero leales al oficialismo) en posiciones clave y la persecución de aquellos que no se identifican con la ideología del partido en el Gobierno. El pacto entre las autoridades y los pandilleros, sin embargo, es el más claro ejemplo de la desnaturalización de la misión del Estado durante este "período de transición".

Ante la amenaza de que estos "cambios" se "profundicen", ha despertado un movimiento ciudadano sin precedentes, decidido a luchar porque nuestro país no caiga en un esquema autoritario. La mayoría de salvadoreños, inspirados por el amor a sus hijos y país, se han llenado de valentía y despojado de perjuicios, resentimientos, actitudes cómodas y apáticas, y diferencias ideológicas. El corazón se llena de orgullo, esperanza y coraje al observar cómo, ante el peligro inminente, surge un ejército de valientes que no esconden su intención por salvar a la nación. Esta batalla vale la pena, participemos decididamente.

Carlos Ponce Criminólogo @cponce_sv