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Atrévete a cambiar

En este inicio de año muchas veces participamos en eventos y reuniones donde nos motivan a establecer propósitos de cambio por el año nuevo. Para este artículo quiero usar algunas de las charlas recibidas en nuestra comunidad de encuentristas de Cristo Redentor. ¿Qué lecciones podemos extraer para nuestro país? El énfasis debe ser la persona para que el proceso de cambio individual logre impactar a la comunidad. No se puede ir en la dirección contraria.

Lo principal es que no estemos satisfechos con lo que somos o con nuestro comportamiento. No podemos cambiar si no tenemos una motivación interior que nos ayude. Si nos sentimos complacidos, si nos sentimos hechos, ¿qué interés podemos tener en cambiar? Es impresionante el poder de estas palabras cuando pensamos en el país y en nuestras comunidades.

Sólo basta desviarse un par de cuadras desde casi cualquier lugar en una ciudad, hacia las quebradas, para darse cuenta de las grandes carencias de nuestra gente. Una vida digna requiere trabajo con salario decente, educación, salud, seguridad, vivienda adecuada y esparcimiento (infraestructura deportiva, parques, áreas que promuevan la convivencia). Nadie debería sentirse satisfecho de lo que hemos logrado como país. Es más, debería darnos vergüenza cómo muchos de nuestros compatriotas enfrentan su vida diariamente.

¿Y cómo logramos promover ese cambio necesario? Como cristianos el párroco nos recomendó varios métodos para ayudar en la efectividad del deseo de cambio y para conseguir la adecuada visión de la meta. Nos propuso cuatro mecanismos a utilizar: la oración con la Biblia, el cultivo de la solidaridad y nuestra disposición a servir y a rebajarse. Por la Palabra de Jesús todos somos hermanos y debemos, a partir de sus enseñanzas, comenzar a construir ese Reino donde precisamente no haya esas carencias tan comunes.

Por supuesto que los cristianos creemos que la conversión es necesaria para la felicidad y para la plenitud. Lo que me pareció que presenta lecciones para las personas que queremos dedicarnos a la política son los mecanismos para fortalecer el cambio. Debemos tener una visión de la persona y una visión para el país. Nuestra Constitución presenta con excelencia esas visiones. Y no hay mejor manera de promover la construcción de dichas visiones que a través de convertirnos en servidores públicos. No llegamos a servirnos. Llegamos a servir. No llegamos a ser los primeros. Llegamos a ser los últimos.

No pude más que pensar en lo mucho que debemos caminar para lograr tener esos servidores públicos. ¡Y cómo no ser un poco pesimista cuando has sido testigo de los pleitos por salir en la foto, cuando has visto tus vallas destruidas sólo para que en una de ellas aparezca después la del candidato del FMLN, cuando en los debates en lugar de buscar la armonía rápidamente buscan denigrarte! Me hizo pensar mucho en la responsabilidad que cae en nuestros hombros por la realidad del país. A mí me cuestiona especialmente el no haber tomado antes la decisión de intervenir desde la política en nuestros destinos. Pero también me cuestiona sobre los verdaderos logros de las personas que han estado con esa responsabilidad durante tantos años.

Este año los invito no sólo a votar. Los invito a elegir a las personas correctas. No pienses tanto en el color de la bandera, como en las personas, en los candidatos. Elige a aquellos que podrían convertirse en mejores servidores públicos. Atrevámonos a cambiar. No podemos esperar nuevas cosas si seguimos haciendo lo mismo. Ya hay muchos que tuvieron durante largos años su oportunidad. Es ahora tiempo de renovación. No podemos cosechar país si no pedimos sabiduría para elegir bien a nuestros gobernantes. Tú tienes el poder de elegir. Úsalo sin miedo en estas elecciones.

*Colaborador de El Diario de Hoy.