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¿Se atrevería el presidente?

En el Siglo XVII, era común en los pueblos de Nueva Inglaterra hacer uso del edificio principal, el "town hall", para reunir a la ciudadanía con sus gobernantes electos. Durante el tiempo de duración de la reunión, los gobernantes respondían a preguntas directas de sus mandantes. Rendían cuentas, daban explicaciones y pedían permiso de implementar políticas públicas.

Este tipo de ágora moderno ha trascendido y aún es común en algunas democracias actuales que políticos hagan uso del formato de "town hall" para contestar preguntas de sus poderdantes sin filtro alguno ni censura. Algunos hacen uso de medios modernos y a través de plataformas virtuales como Reddit, incluso el presidente Obama se prestó a contestar de todo en un AMA (siglas de "Ask Me Anything" o "pregúntenme lo que sea").

No es fácil para el capital político de un gobernante estar abierto a este tipo de transparencia: se deben tener los datos al día, mantener la compostura y la humildad de recordar que los mandantes son los ciudadanos y ellos, servidores públicos. ¡Qué lástima da la manera en la que se comunica con sus mandantes el ciudadano presidente de la República de El Salvador, cuando se compara con este tipo de formatos!

Cuando hace más de un año el presidente Funes informó que se pondría a la disposición de la ciudadanía a través de un programa radial cada sábado, muchos ilusos pensamos que se trataría de un canal de transparencia como nunca antes había existido. Alabamos la iniciativa en su momento, pensando que el formato radial era además la mejor manera de llegar a toda la población, incluso a los más necesitados, pues no por tener desventajas económicas merecen menos transparencia.

¿Cómo íbamos a saber que el programa sería dedicado a la pontificación de slogans, la destrucción de reputaciones, la perorata arrogante, la intolerancia y las críticas? ¿Cómo íbamos a saber que las líneas para hablar con el presidente no estarían abiertas a todo el público sino sólo a aquellos que pasaran un misterioso filtro y no incomodaran demasiado? Por suerte, pensábamos los ilusos, todavía nos queda la prensa independiente, ese cuarto poder audaz que pone al poder contra la pared al enfrentarlo a la realidad y desenmascararlo a punta de preguntas cuyas respuestas merece conocer la población.

Ilusos, porque las entrevistas a nuestros presidentes son todo menos una rendición de cuentas. Los entrevistadores son meros maestros de ceremonia o facilitadores de las conferencias de prensa en las que nuestro mandatario continúa hablando de todo, menos de lo que importa realmente.

Mientras tanto, sigue robándonos: nuestro tiempo, pues al estar una hora ante las cámaras alejado de su obligación de sacar adelante al país y usarla únicamente para embestir contra aquellos que pierden su tiempo preguntándole por Ferraris y caderas, nos quita minutos que podría estar ante nosotros, en un formato de "town hall", contestándonos cosas que importan: ¿usa al aparato de inteligencia del Estado para fines personales y políticos? ¿Cuánto gasta en sus viajes? ¿Qué está haciendo para lograr avanzar las reformas de las que depende la firma definitiva de los fondos del segundo compacto de FOMILENIO? ¿Cuánto gasta en publicidad, esa que pauta en los medios en los que platica con sus sumisos entrevistadores? Si no le gustan estas preguntas, ¿nos robará más de nuestro tiempo en el programa del sábado para atacar a quienes lo cuestionamos? Nunca sabremos, pues seguramente el presidente, jamás se atrevería a rendir cuentas como en otras democracias modernas: sin filtros de por medio.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg