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Atlacatl vs Lempira

El helipuerto que Lempira recién inauguró en un islote llamado Conejo, me hizo retroceder 45 años, en nuestra sangrienta historia, a la noche del 14 de Julio de 1969.

Me cuentan mis hermanas mayores que en dicha fecha, la escuela las mandó a la casa por culpa de los tambores de guerra. Calín (nuestro padre QDDG), ni se cambió la gabacha de dentista pues, antes de que cayera la penumbra, había que buscar refugio en el volcán para protegernos de los bombazos de Lempira.

Nosotros felices pues era una película de aventuras en pleno desarrollo y aprovecharíamos para hacer una fogata y contar estrellas fugaces.

Pero la realidad era triste pues la paciencia de Atlacatl se había agotado, y quién sabe cuánta sangre se iba a derramar.

En su radio de pilas Ray-o-Vac, Calín pescó un locutor tico reportando: "Noticia de ultima hora: En estos momentos, Atlacatl bombardea las bases aéreas de Lempira".

A media noche, Atlacatl, un chafa conocido como Tapón (QDDG), se dirige a su nerviosa nación: "Pueblo Salvadoreño cumplo con mi deber de informarles que en horas de la tarde, este 14 de julio, en un acto de legítima defensa, he ordenado repeler la agresión a lo largo de nuestra frontera, y en prevención de una agresión de mayores proporciones, hemos bombardeado objetivos militares hondureños . Ninguna nación que valore su dignidad, puede permitir que impunemente se violen sus fronteras".

Lempira no sólo violaba nuestras fronteras, sino también agredía, asesinaba y deportaba a nuestros compatriotas.

Todo comenzó a principios del Siglo XX, cuando las bananeras del Tío Sam, se hacían los bigotes por la joya de tierra que habían encontrado en la costa norte de Honduras.

Qué suerte también tenían de contar con manos salvadoreñas, echadoras de riata, expertas en conquistar jungla y sembrar guineyos.

Con el sudor de su frente, nuestros hermanos desafiaban a la naturaleza para hacerse de su parcelita, construirse su chocita y tener chigüines con la Chusita. Ya en la Década de los 60, los celos de los Lempira se habían convertido en odio contra Atlacatl. Su gobierno aprovechó la tensión para echar más leña al fuego, en busca de humo que opacara sus políticas fracasadas.

En la HRN (la KL de los Lempira), se oía a cada rato: "Hondureño, no compres productos salvadoreños como boquitas Diana, cemento Cessa y zapatos Adoc". En los postes se leía "Entiendan guanacos malvados que la reforma agraria no es para ustedes. Fuera de Honduras, váyanse a echar pulgas a su tierra". (Las 100 Horas / Dr. José Luis González).

La gota que rebalsó el vaso cayó en el Flor Blanca, la noche del 15 de junio del 69. Las letanías de la Selecta de Atlacatl funcionaron pues Mon Martínez abrió el marcador cobrando tremendo penalti. Al final de los 90 minutos, Atlacatl ya se veía en México 70, gracias a un humillante 3 por 0 sobre Lempira.

Para Lempira, no fueron tres goles, fueron tres bombazos, tragedia nacional, que durante el mes que transcurrió entre la cachimbeada en el Flor Blanca y el bombardeo de Toncontín, se degeneró en balazos, latigazos y deportaciones de miles de los Atlacatl ante el ojo pacho de la OEA.

Atlacatl no tuvo de otra que tomar la justicia por sus manos, para ponerle fin a tanta barbarie. Tarea no tan chiche ante la superioridad aérea de Lempira, que había que equiparar con el sorpresivo bombardeo del 14 de julio.

La OEA más alérgica a la pólvora que a la sangre, finalmente reacciona, y junto a los comandantes de Atlacatl y Lempira, se comen la sandía de la paz a las 22 horas del 18 de Julio, 100 horas después del primer mameyazo.

Roguemos a Dios para que no se nos vuelva a salir el indio. Los lazos fraternales, familiares, comerciales y civilizados entre Honduras y El Salvador, tienen que ser más fuertes que los intereses creados por un islote llamado Conejo.

¡Paz y amor por favor!

*Colaborador de El diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com