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El ataque a los trabajadores

El gobierno dice que no puede pagar las pensiones y le echa la culpa a la reforma de 1998 que creó las cuentas individuales. El nuevo sistema no puede ser la causa porque en él cada quien ahorra para su propia pensión. La deuda se originó en el sistema que existía anteriormente, en el que los futuros pensionados entregaban sus cotizaciones al gobierno para que el gobierno, en el futuro, les pagara sus pensiones.

El gobierno ofreció pensiones maravillosas y se gastó las cotizaciones en vez de invertirlas. ¿Y los pensionados? ¡Allá que vieran los gobiernos futuros! ¡Allá que otro ministro de Hacienda, como el actual, diga que no puede pagarlas!

Para 1998 era evidente que las pocas reservas que el gobierno había acumulado no iban a ser suficientes para pagar las pensiones. El gobierno tendría que pagarla con impuestos o emitiendo deuda, que también hay que pagar con impuestos. Esto motivó la reforma que creó el nuevo sistema. En vez de que los cotizantes dieran su dinero al gobierno para que se lo gastara, ellos lo tendrían en cuentas individuales que servirían para pagar sus propias pensiones. Así el gobierno no se las podría quitar.

Por supuesto, había una enorme deuda ya adquirida por el gobierno con los trabajadores que habían dado sus ahorros al Estado. Esa deuda ya existía, no tiene nada que ver con el sistema nuevo, sino es el resultado de la operación del sistema antiguo, en donde el Estado prometía dar la pensión. Los gobiernos de los expresidentes Flores y Saca la aumentaron pero no por culpa del sistema nuevo. Ellos subieron retroactivamente el número de beneficiarios del sistema viejo, con lo que aumentaron las obligaciones del gobierno.

Por supuesto también, el gobierno dejó de recibir las cotizaciones mensuales, ya que ellas comenzaron a ir hacia las cuentas individuales, que se deberían invertir en parte en bonos estatales y en parte en oportunidades ofrecidas por el sector privado, como es, por ejemplo en Chile, en donde los beneficiarios del sistema son dueños de grandes porcentajes de exitosas empresas en Chile, Argentina, Perú y otros lugares.

El gobierno, sin embargo, encontró una manera de volverse a apropiar de esas cotizaciones, aumentando el porcentaje de las pensiones que debían de invertirse en bonos del gobierno, y fijando bajísimas tasas de interés para unos bonos especiales que el gobierno emitía para los fondos de pensiones.

Por supuesto, emitir bonos especiales a bajas tasas no era constitucional. Las deudas de pensiones son obligaciones generales del estado y deben de financiarse igual que todas las demás, con bonos generales. ¿Por qué pagar diferentemente las deudas causadas por sueldos o puentes u hospitales o pensiones? Todas son iguales.

Esta práctica se discontinuó porque la Sala de lo Constitucional la declaró inconstitucional. Pero el robo de los recursos a los trabajadores ya quedó.

Esto equivalió a expropiar una gran parte de las pensiones de los miembros del nuevo sistema, que recibirán pensiones bastante menores cuando se retiren porque en vez de pagarles lo que el gobierno paga a cualquiera de sus acreedores ---alrededor del 7 al 8 por ciento--- es ha pagado entre uno y dos por ciento por casi nueve años.

Ahora el gobierno viene con la declaración que no puede pagar las pensiones, echando las culpas al sistema nuevo que no tiene ninguna. Esto equivale a una estafa a los trabajadores que, por muchos años, dieron su dinero al Estado para que le pagara su pensión. El decir que no se pueden pagar es un paso más en la estrategia del gobierno de quitarle el dinero al que no puede defenderse, que en este caso son los trabajadores. Peor aún, las señales son que el gobierno quiere volver al sistema antiguo para quedarse con los 10 mil millones de dólares que los trabajadores han ahorrado…y para que, años después, otro ministro de Hacienda, como el de ahora, diga que no puede pagarlas.

La hipocresía profunda del FMLN se vuelve más que obvia en esta ironía, que diciendo que defiende a los trabajadores, los quiere despojar de sus ahorros de la vida entera.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.