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Arranca cebolla

Este es un debate de enorme importancia para el país, por lo que es vital que se dé en una manera abierta y transparente para conocer los méritos y defectos que harían que un candidato superara a otro dentro de la lista de nominados

Al momento de escribir esta columna, eran aún desconocidos los resultados de las elecciones legislativas de Venezuela. Todas las encuestas indicaban que el descontento de la población con la situación de inseguridad, depresión económica y corrupción, podría llevar a la oposición al control de la Asamblea Legislativa venezolana por primera vez desde hace casi dos décadas.  

Independientemente de los resultados obtenidos, lo verdaderamente preocupante son las declaraciones de Nicolás Maduro, que expresó “ni voy a entregar, ni voy a traicionar la revolución”. Al parecer, a la revolución le sale sobrando la voluntad democrática del pueblo al que dicen deberse (por lo menos en la retórica) y los procesos electorales adversos los interpretan más bien como una versión de la cebolla en el juego con el que tantos nos entretuvimos en los patios de recreo, “arranca cebolla”.

Para ofrecerles contexto, por si sus patios de recreo ofrecían entretenimientos para almas más sensibles y nunca jugaron “arranca cebolla”, el juego consiste en que uno de los participantes – la cebolla – se afianza a dos manos a una estructura fija, como un poste, y el resto de participantes (en un rango que puede variar entre uno o infinito) hacen una fila que intenta jalar a la cebolla para arrancarla. No, probablemente no era un juego que se destacara por sus elementos formativos en el área de los valores, pero sus principios aparentemente han permeado notablemente, tanto en las intenciones de Maduro de irse del poder, como en la clase política salvadoreña, en que algunos se muestran tan reacios al cambio como la cebolla afianzada al poste.

Una muestra reciente de arranca-cebollismo fue la intención inicial expresada por el partido ARENA de votar a puerta cerrada para elegir al fiscal y luego poner el peso del apoyo unánime detrás de la preferencia de la mayoría. La cebolla, afianzada a las épocas en que la bancada valía más que las expresiones democráticas de la población a través del voto por cara. La cebolla, obstinada en que no se conozcan los disensos, los diálogos, o lo más importante, las razones que tendría cualquier diputado con sentido común en apoyar a Luis Martínez para un nuevo período al frente de la fiscalía, después de que ha demostrado inclinaciones más fuertes por construir su marca personal que por combatir delitos, y que ha sido incapaz de esclarecer los cuestionamientos válidos que se le hacen en lo que a conflictos de interés respecta.

Afortunadamente, las voces del disenso dentro de ARENA, como el diputado Johnny Wright o la diputada Karla Hernández, en desacuerdo con que la votación sea secreta, pueden contribuir a arrancar la cebolla y a hacer presión para que la discusión se de en una manera transparente y abierta, como debería ser. Sin embargo, independientemente de cómo decidan eventualmente dar sus votos para elegir al fiscal, el simple hecho de que se haya considerado que la votación sería secreta para desembocar en un apoyo unánime es bastante deprimente. Implica que continúa incrustada la alergia a la transparencia y el pavor a ventilar los disensos en público y al aire libre. Demuestra una burla a la independencia legislativa que buscaba dársele a los diputados cuando se le dio operatividad a la democracia directa a través de las listas abiertas y el voto por cara. 

Más allá de ARENA, es importantísimo saber qué diputados -- ¡de todos los partidos! -- apoyan la reelección de Martínez. Se esperaba que se afianzara con todas sus fuerzas al cargo que le ha permitido hacer tanto ruido sin ninguna nuez, pero es necesario que se conozcan las razones por las que un diputado apoyaría la prolongación del presente status quo, considerando la manera en la que la impunidad continúa pudriendo el Estado de Derecho en el país. Este es un debate de enorme importancia para el país, por lo que es vital que se de en una manera abierta y transparente para conocer los méritos y defectos que harían que un candidato superara a otro dentro de la lista de nominados. Los intereses políticos, como siempre, intentaran oscurecer esta discusión. Como ciudadanía nos tocará presionar para que este debate sea transparente. Jalar, por todos los medios posibles, para terminar de arrancar esta cebolla.

*Lic. en Derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.     @crislopezg