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En ARENA necesitan bajarse a empujar

Lo sospechábamos desde un principio pero en la última elección presidencial quedó confirmado y en firme: a ARENA se le quedó el carro. Sí, la calle tuvo baches, era cuesta arriba y los encargados neutrales de dar vía no siempre jugaron de acuerdo a las reglas. Pero lo anterior no justifica la verdad clara y contundente de que en el carro de ARENA el motor está ya fundido y se niega a arrancar. La estrategia en 2013, después de la derrota de 2009, fue cambiar de conductor, pero el carro seguía siendo el de hace dos décadas, con repuestos de los ochenta, el mismo motor cansado y pasajeros que se han acomodado demasiado en sus asientos, al grado de negarse a bajar a empujar cuando el motor tose.

Para 2014 se invirtieron millones en enderezado y pintura esperando (¿quizás por optimismo? ¿o apostándole a un milagro?) que con eso, el carro andaría más rápido. Y ¡sorpresa! Se quedó bastante atrás. Si no hubiera sido por el empujón que le dieron muchos que hasta el momento jamás se han subido en el carro (porque los de adentro no abren las puertas por temor a que les quiten sus asientos) se hubieran quedado aún más lejos de la meta, pasando la vergüenza de que sus conductores hablan con lenguaje de Fórmula 1, cuando se siguen transportando en la misma carcacha de siempre.

Para el 2015 ya es hora de ver por el retrovisor: no sólo para ver lo que se ha dejado atrás e intentar, de una vez por todas, aplicar las lecciones aprendidas, sino porque será sólo viendo por el retrovisor que mirarán a una masa crítica de salvadoreños: miembros de la juventud de su partido y gente de la sociedad civil, que a la hora de la verdad y sin necesidad que les prometieran espacio adentro del carro con aire acondicionado, se arremangaron la camisa y empujaron a como diera lugar. Son estos los que saben de estrategia y con los que se tiene la deuda de haber podido recorrer el último trecho.

Los que metieron el hombro para hacer avanzar la carcacha, son los primeros que pueden dar fe de que con una repintada no aguantará otra competencia, para que camine necesitará renovar el motor de los principios, esos que estaban en los planos cuando se diseñó el carro, y que ponían a las libertades como el camino para que avanzáramos todos y no sólo unos pocos. Hará falta meterle un par de asientos, para que quepa más gente en el equipo. Escoger al conductor en base a su conocimiento de las carreteras y su visión periférica, y no en base a sus buenas intenciones.

Por suerte, ya algunos dentro del carro están abriendo ventanas y extendiendo las manos hacia fuera. Un ejemplo de valentía lo ha dado el diputado David Reyes, que con su corta experiencia política ha demostrado compromiso con la renovación de su partido y con la apertura de espacios. Aunque los de adentro del carro se empeñen en seguir en su carcacha, al final del día tendrán que darse cuenta que los que empujan mandan y son más. Y que no van a dejar a David Reyes solo en su cruzada valiente por hacer el cambio de motor que tanto necesita el carro.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg