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Aprendiendo a envejecer

Aprender a envejecer debe ir más allá de aceptar las limitaciones biológicas que impone la edad. Debe hacer que el que envejece sepa diferenciar los procesos normales del envejecimiento de las enfermedades

La prolongación de la vida humana y el mejoramiento en la calidad de vida en etapas de la ancianidad, son el resultado de los avances de la ciencia y la tecnología en el campo de la medicina. Sin embargo no todas las personas que llegan a esta edad sanos,  aprovechan estas ventajas tecnológicas y médicas; algunas se sumergen durante  sus últimos años de vida a una existencia cargada de dolor, auto-limitaciones y sin-sentidos. Es por esta razón que el aprender a envejecer debe ser un proceso que involucre a la sociedad, al individuo que envejece y a su entorno familiar.

 En todos se debe cambiar la percepción que se tiene del adulto mayor y del proceso de envejecimiento. En nuestras sociedades occidentales se hace, en muchas ocasiones, mayor énfasis en la percepción social que en la individual de estos procesos. Haciendo que aun cuando existan proyectos adecuados para personas de la tercera edad, sea precisamente la actitud refractaria de los usuarios la limitante para el éxito de estos programas.

Aprender a envejecer debe ir más allá de aceptar las limitaciones biológicas que impone la edad. Debe hacer que el que envejece sepa diferenciar los procesos normales del envejecimiento de las enfermedades, pues hay una tendencia generalizada a “medicalizar la vejez” esto es atribuir a enfermedades procesos que son propios del envejecimiento, por ejemplo no todos los dolores articulares son necesariamente artritis o requieren tratamiento farmacológico. 

También es necesario, en esta etapa, prepararse para la transición vida-muerte; proceso que es más fácilmente aceptado en aquellos que ya cumplieron con sus expectativas de vida y que mantienen una actitud espiritual positiva. Solamente aceptando estos procesos del envejecimiento normal  se pueden potencializar las experiencias previas para poder fomentar y canalizar una vida más plena en la ancianidad.
 
Es por estas razones que la inclusión de temas sobre el envejecimiento y la ancianidad en el currículo escolar, nos debe decir mucho de la importancia con que se debe empezar a generar actitudes positivas  desde la época escolar con respecto estas etapas posteriores de la vida. Esto debido a que muchos niños han aprendido desde edades tempranas conceptos erróneos del envejecimiento y la ancianidad. 

También nos habla de la responsabilidad que debemos tener con las nuevas generaciones, pues muchas veces al observar a sus abuelos o padres ya mayores, los cuales no tienen actitudes positivas en la ancianidad; los niños y adolescentes pueden mal interpretar la vejez como una etapa dolorosa de la vida. 

En resumen el aprendizaje escolar sobre el envejecimiento, no debe hacerse  con el objeto de empezar a preparar a los niños y jóvenes a “convertirse en viejos”, de ninguna manera. Si no que debe hacerse con la finalidad última de comprender que la ancianidad, como fase final, es una etapa más en el proceso de la vida. Una etapa que tiene características extraordinarias pero también posee responsabilidades especiales. Una etapa en donde todavía hay vida y esta puede ser vivida con calidad.
 

*Dr. en Medicina.
*Colaborador de El Diario de Hoy.
aguilarjoya@yahoo.com