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El aporte Giuliani

Las recomendaciones que el señor Rudolph Giuliani entregó al presidente de la República giran en torno a su propuesta CompStat (Complaint Statistics, estadísticas de denuncias) que es una filosofía adoptada por la policía de Nueva York para crear mapas geográficos que identifican zonas con problemas y comisión de delitos donde luego se desarrollan estrategias para reducir el crimen y, a la larga, proveer de mejores condiciones de vida a sus habitantes. La filosofía dio resultados en la ciudad de Nueva York al lograr que descendiera la incidencia de delitos. Para que las recomendaciones surtan efecto en El Salvador, se hace necesaria una coordinación interinstitucional que permita la focalización de los esfuerzos policiales y penales. Eso tiene tanta lógica que nadie ha objetado el planteamiento y no queda duda que el aporte del señor Giuliani resulta ser pertinente para nuestro país.

Pero en el caso de El Salvador, si bien es cierto que tenemos un amplio problema de delincuencia, lo verdaderamente grave es la violencia. No es lo mismo el delito que la violencia. No toda violencia está tipificada como delito ni todo delito es violento. Se puede explicar el crimen por la violencia, pero no se puede explicar la violencia solamente por el crimen. Muchas de las opiniones y comentarios que se vierten no están enfocando el problema de la violencia sino el problema de la violencia como recurso para el crimen. El enfoque criminalístico se especializa en la manera cómo se comete un homicidio, el uso de las armas, las motivaciones del delito común, etc. Desde este esquema la respuesta ante la persona que ha desarrollado una conducta violenta es el castigo. Por tanto, el problema de la violencia criminal se mitiga encerrando a los delincuentes en la cárcel. No obstante, las cosas no son tan sencillas y prueba de ello es que los masivos encarcelamientos en nuestro país no han producido resultados en términos de mitigación de la violencia.

El enfoque epidemiológico de la violencia es el que mejor explica el porqué de ella y, consecuentemente, proporciona el marco teórico para elaborar planes de prevención eficientes. Enfocarse en la reducción del delito es importante y necesario, pero no debe olvidarse que con ello solamente se están tratando los síntomas y los factores de riesgo y dejando intacto el patógeno que provoca la violencia. El patógeno puede describirse como un estado de humillación abrumadora. La humillación ocurre cuando la persona enfrenta situaciones humillantes que le hacen perder su dignidad de ser humano. La combinación de desamor, condiciones precarias de vida, abuso, desempleo, irrespeto, etc., pueden intensificar la humillación hasta volverla abrumadora. Alcanzado ese punto se puede recurrir a la violencia como instrumento para restituir la dignidad perdida. El psiquiatra estadounidense James Gilligan lo describe con precisión cuando en su libro "Para una teoría de la violencia" afirma: "Entre más severamente castigamos a los criminales, o a los niños, más violentos se vuelven; el castigo incrementa sus sentimientos de humillación y simultáneamente decrece su capacidad de sentir amor y culpa por los demás". Esto, por supuesto, no significa dejar el delito impune y por ello las recomendaciones de la firma Giuliani resultan acertadas. No obstante, deben ser complementadas por un enfoque más holístico que responda a un problema de seguridad que va mucho más allá del delito común.

*Colaborador de El Diario de Hoy.