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Ante los ojos de la comunidad internacional

Diez días han pasado desde las elecciones de alcaldes y diputados y lejos de ir aclarándose el panorama electoral, con resultados oficiales en firme, el conteo se viene complicando. Esto es así porque hay criterios diferentes sobre qué hacer con las actas que tienen inconsistencias como por ejemplo las que reportan números mayores a las 500 papeletas que se le entregó a cada Junta Receptora de Votos. Los recursos ante el Tribunal Supremo Electoral para la apertura de urnas con este tipo de actas están siendo presentados por los partidos de oposición, a lo que se opone el bloque oficialista.

El problema es que diez días después de la elección no hemos podido presentar en firme ni siquiera el conteo para el Parlacen, y las mesas que vienen realizando los conteos de votos, formadas en su mayor parte por los vigilantes de los partidos políticos, no pueden —ni deben— resolver sobre recursos presentados ante el TSE, por lo que el Tribunal debería empezar a deliberar sobre ellos e intentar resolver. Por transparencia, por confiabilidad en el sistema ante la duda sembrada por las acusaciones y contra acusaciones, lo natural sería abrir las urnas que presenten inconsistencias, y sobre las cuales hayan sido presentados recursos.

Antes de que la temperatura política empezara a subir, ciudadanos extranjeros, miembros de la comunidad internacional, se preguntaban cómo podía verse tan tranquilo el país cuando por el pobrísimo desempeño que ha tenido el TSE en el manejo de los resultados vivimos una situación potencialmente caótica. Mi respuesta: porque hay confianza en la inviolabilidad del Tribunal Supremo Electoral. "Chucho no come chucho", dice el salvadoreño promedio, por lo que al estar representados los partidos políticos en el TSE, nadie habla en nuestro país de fraude electoral, sí de necesarias reformas.

Es en verdad un logro de nuestra sociedad el que se respeten los resultados electorales. Pero si bien no se habla de fraude sí se denuncian irregularidades, como ha sucedido con la emisión de DUIs, el doble voto, el traslado de votantes de un municipio a otro, etcétera. Por ello, ante denuncias presentadas, se vuelve importante resolverlas e ir agotando las instancias. El año pasado tras la segunda vuelta electoral, con un resultado tan cerrado —menos del 1%—, le cayó una papa caliente a la Sala de lo Constitucional al recibir recursos de Norman Quijano y René Portillo Cuadra para abrir las urnas.

Hoy no ha habido elección presidencial y en el caso del Parlacen, hay denuncias de inconsistencias en unas 200 urnas, por lo que no demoraría mucho tiempo abrirlas y contabilizar sus votos. Entiendo que la Sala empoderó al TSE para poder hacerlo ante la falta de regulación requerida para el conteo del voto cruzado, algo que la Asamblea debería haber legislado. En todo caso es más democracia lo que se pide, no menos, y que se refuerce el sentir de que en El Salvador se respeta la voluntad soberana expresada en las urnas. Tan simple como ello.

El país no va bien y requiere trabajo conjunto para buscar el crecimiento económico y poder así brindar oportunidades a millones de compatriotas que carecen de ellas, que coadyuven éstas al único proyecto concreto que se tiene esbozado en el área económica: Fomilenio II. Necesitamos también formular una política de Estado integral en el tema seguridad, sobre todo ahora que contando con el apoyo de la comunidad internacional, se habla de la "Alianza para la prosperidad del Triángulo Norte".

Mayor razón para continuar fortaleciendo nuestra incipiente institucionalidad y reencontrarnos para trabajar por El Salvador.

*Director Editorial de EL DIARIO DE HOY.