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Ante la barbarie, ¿informar o no? y, de hacerlo, ¿cómo?

Informar sobre la violencia es complicado, lo es más cuando esta traspasa la raya y alcanza niveles de barbarie; hacerlo bien conlleva profesionalismo, sobre todo datos expeditos y fundamentados de la autoridad

Actitud de la persona o grupo que actúa fuera de las normas de cultura, en especial de carácter ético, y son salvajes, crueles o faltos de compasión hacia la vida o la dignidad de los demás”. Esta es la definición de barbarie que pega al pie de la letra en la realidad salvadoreña y que tiene exacerbada a la población.

No solo son los 20 o más asesinatos diarios, de por sí una cifra escandalosa, sino que estamos llegando a niveles de crueldad y barbarie: eso de asesinar a una vendedora en su puesto del Mercado Central a plena luz del día es grave; lo es también que dos cabezas (los cuerpos aún no se encuentran) de dos supuestos mareros aparecieron en una calle de San Luis Talpa. Una mujer desnuda envuelta en una sábana tirada en una calle de Cuscatlán es alarmante. Menores de edad, incluso niños, están entre las víctimas que engrosan la larga lista de la violencia.

La problemática puede ser abordada desde varias ópticas, particularmente quiero hacerlo desde la informativa, para lo cual quiero centrarme en tres interrogantes: uno, ¿se debe informar sobre esto o no? Dos, ¿cómo hacerlo? Y tres, ¿realmente a la población le interesa saber y conocer estos crímenes?

Ya en otras ocasiones he intentado acercarme y reflexionar sobre el tema, de nuevo lo haré, y lo quiero hacer porque me preocupa, principalmente porque como creyente, como ciudadano, como periodista, no podemos permitir que los hechos de violencia, la inseguridad que como país se padece, “gane la partida” y que se conviertan en hechos “casi naturales”, perdiendo la sensibilidad ante la vida, ante la muerte, ante el dolor humano.

No podemos dejar de escandalizarnos ante la violencia cotidiana, no podemos aceptar la barbarie como parte de la realidad nacional, no podemos dejarnos vencer por la criminalidad y convivir con ella como si fuera un mal menor. Hacerlo es dejarnos vencer por la desgracia y olvidar que la mayoría de salvadoreños son gente llena de vida y esperanza que busca por todos los medios superarse; son gente trabajadora en su mayoría que hace su mejor esfuerzo para llevar el sustento a su hogar y contribuir a mejorar el estado de su familia. Que los jóvenes, en su mayoría, tratan de vencer todos los obstáculos y convertirse en hombres y mujeres de bien, tratando de construirse un mejor futuro.

Entonces, cualquiera me podría increpar, ¿por qué no hacer noticias sobre lo bueno, el trabajo, el esfuerzo de la mayoría de salvadoreños?...
Respondo de manera contundente: el objeto de la noticia, en su concepción tradicional y clásica, es consignar y recoger lo novedoso, lo raro, lo fuera de lo normal. En este sentido lo novedoso, lo raro, lo fuera de lo normal es la violencia, el crimen, la barbarie, no el trabajo y el esfuerzo de la mayoría de salvadoreños.

Esto me lleva a plantear que la prensa en general debe consignar los hechos de violencia y tratar de explicarlo de mejor manera; no hacerlo sería traicionar lo esencial y fundamental de un medio de comunicación, dar cuenta de la realidad e informarla a las diversas audiencias.

Imagínense ustedes, hipotéticamente, que la prensa, la televisión, la radio, ahora la web y las redes sociales, no consignaran los hechos de violencia, incluido que estamos alcanzado niveles de barbarie, ¿Cómo se sentiría usted?, sobre todo a sabiendas que los homicidios, la extorsión y los robos son parte de nuestra realidad. 

Ahora bien, solventada en principio esta cuestión, el punto es ¿cómo hacerlo? Aquí viene lo difícil y complejo; sin duda alguna, el “muertómetro” poco o nada ayuda a mantener los niveles de información adecuados, aunque son indicador. Explicar a fondo la problemática es mucho más importante, pero esto requiere de excelentes datos estadísticos y sociológicos, cuestión que ni la policía, ni la fiscalía, ni medicina legal, por decir tres instancias, los tienen de manera expedita… y los periodistas y los medios de comunicación no tienen ni el instrumental, ni los recursos, ni es su campo de acción particular, el hacer investigación permanente sobre la problemática.

No obstante, con el afán de hacer y presentar información más completa a la población, que sí le interesa saber lo que sucede a su alrededor, hay investigaciones periodísticas que muestran por ejemplo las causas de algunos crímenes, el modus operandi de las maras e incluso las zonas de operación… pero esto es lo menos, aunque debería ser lo más, y no estoy jugando con las palabras.

Hacer información cada vez más completa, tratando de llegar a las causas que expliquen no solo que describan el comportamiento criminal de las maras y los niveles de barbarie que están alcanzado ahora, es una tarea esencial y prioritaria para la prensa actual… y también para la autoridad, sea esta policial o fiscal, ya que esto permitirá tener más y mejores herramientas para enfrentar, con inteligencia y no solo con fuerza, a los criminales y así detener esta lacra que está carcomiendo los cimientos de la sociedad salvadoreña. 

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.
ricardo.chacon@eldiariodehoy.com