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Ante la amenaza del Islam

La imagen dantesca de tres periodistas occidentales cruelmente degollados por el Islam radical ha dado la vuelta al mundo; miles de cristianos, crucificados y decapitados por ser considerados infieles por los musulmanes, parece no tener importancia, ante el silencio de la ONU y de las comisiones de derechos humanos. La voz del Papa Francisco, y la de comunidades de monjas carmelitas y dominicas que están sufriendo en carne propia tal barbarie no ha tenido mayor respuesta.

Y mientras los gobiernos y sus líderes guardan un cobarde silencio, son los escritores los que están dando el grito de alerta sobre semejante infamia. Arturo Pérez Reverte afirma: "Es la 3ª. Guerra Mundial y no se dan cuenta. Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez, sonriendo al enemigo. Es la Yihad, la guerra santa, que ordena matar a los infieles que no se conviertan al Islam, para asegurarse el paraíso. Porque Europa donde nació la libertad, hoy es vieja, demagoga y cobarde, mientras el Islam radical es joven, valiente y tiene hambre, y además los pantalones bien puestos, porque dar mala imagen en Youtube es otra de sus armas de guerra".

En España cada vez hay más mujeres españolas convertidas al Islam tras su matrimonio con musulmanes, aceptando ser golpeadas y enterradas bajo toneladas de tela del burka, hasta inmolarse estallando cinturones con explosivos adheridos a su cuerpo para alcanzar el paraíso. El toque de atención lo están dando Julia Navarro, en sus novelas "La sangre de los inocentes" y "Dispara, que ya estoy muerto" y Reyes Monforte en "La infiel", que presentan situaciones tan inhumanas, que en pleno Siglo XXI más parecerían ciencia ficción.

Los musulmanes han llenado los colegios con niñas vestidas con hiyab, logrando que los medios de comunicación satanicen a quien no lo permita. Han levantado grandes mezquitas en las principales ciudades, hecho retirar otros símbolos religiosos de los centros escolares y detenido la jornada laboral para cumplir con sus rezos, parando el tráfico para realizarlo en las calles. Hay alimentos islámicos en los supermercados y menús en los restaurantes, exigiendo aceptar sus festividades y enseñar el Corán en vez del Credo.

Nadie se atreve en libros ni revistas a publicar comentarios sarcásticos sobre el Profeta, mientras se representan obras ridiculizando la imagen de Cristo, la Virgen y símbolos cristianos. Han iniciado la reconquista mediante la democracia y la invasión por la tolerancia religiosa. Pasará lo mismo que en 1453 en Constantinopla, cuando Mohamed II se apropió de la mayor catedral del Imperio Romano de Oriente, Santa Sofía, finalizando así mil años de culto cristiano, para convertirla en mezquita para rezar a Alá.

Recientemente se construyó una mezquita aquí, en Santa Ana, y el imán Armando Bukele, se manifestó satisfecho de que hubiera ya en el país otra mezquita para alabar a Alá, y donde los creyentes pudieran realizar sus oraciones. La ignorancia del pueblo se reflejó en curiosos comentarios "celebrando que ya hubiera aquí una religión, que no fuera impuesta, como la que trajeron los españoles".

El establecimiento del Califato en Irak es una verdadera amenaza para la civilización judeo-cristiana y la pretensión de reconquistar Al Andalus, que aseguran les pertenecía, puede ser una realidad. Únicamente Suecia ha respondido de manera valiente ante tanto abuso y prepotencia negando el permiso para construir una mezquita en Estocolmo, hasta que en los países musulmanes no exista libertad religiosa para construir iglesias cristianas. ¿Qué más hace falta para que el mundo occidental reaccione, o lo hará hasta que sea demasiado tarde?

* Columnista de El Diario de Hoy.