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Año nuevo... ¿Vida nueva?

El 20 de diciembre de 2006 publiqué un artículo desconfiando de ese dicho de "Año nuevo, vida nueva". Releerlo es ver su actualidad, ver cómo seguimos sin resolver los problemas más importantes de nuestro país. Eso corrobora la idea de que no hay esperar nada nuevo de un nuevo número en el calendario. No hay magia que solucione nuestras deficiencias por el simple hecho de pasar a vivir en 2015. Lo nuevo y mejor dependerá de lo que hagamos la sociedad civil, porque el gobierno no tiene intención clara de resolver nada.

En aquel artículo escribía yo: "Me sumo a los que no esperan mucho de la respetable comisión encargada de aportar soluciones al problema de la delincuencia". Es un dicho de experiencia: "si quieres que un asunto no se resuelva, encárgaselo a una comisión". Pues ahora estamos peor ya que la comisión se ha agrandado hasta ser un gran consejo nacional.

También escribía: "Estoy de acuerdo, con algunos de los analistas, de que más que inventar nuevas cosas, es un asunto de autoridad bien ejercida, a fondo, en todos los aspectos de la vida y con duro peso de la ley contra los que delinquen". Y sigo estando de acuerdo pero añado: ¿Quién le pone el cascabel al gato? o podría decirlo de otro modo: ¿serán los mismísimos ratones los que le ponen el cascabel al gato, porque son bien cheros de él?

También propuse en aquel entonces que "sería buena una masiva campaña mediática de educación en valores cívicos, incluso con anuncios que escarnecieran a todos los que funcionan con la ley de la selva, bajo tristes lemas del tipo de "yo hago lo que me da la gana", "yo parqueo mi carro donde sea, aunque pueda perjudicar a los demás", "yo no guardo la cola porque me creo muy listo", "tiro la basura donde me apetece", etc. Estos sujetos deberían ser expuestos en la picota moderna de las pantallas de televisión, en anuncios bien teatralizados, ridiculizados, junto con ejemplos contrarios de civismo, para que todos los ciudadanos se fueran acostumbrando, positivamente, a la solidaridad y a la disciplina cívica como una característica –nueva, por supuesto– de nuestro país, que llegase a ser un motivo de estima y ejemplo para toda Centroamérica". ¿Un sueño? Me sigue pareciendo una buena idea y no demasiado cara. Más gasta la televisión y el gobierno en anunciar cosas superfluas o falsas.

Y siguiendo en esos sueños idealistas propuse aquella vez que la ilustrísima doña Violeta, alcaldesa por aquel entonces, de triste memoria, que se abocase "por lo menos a una campaña sencilla de realizar: al embellecimiento de nuestra ciudad en su nivel más humilde: retirar todas las basuras de todas las calles y rincones de nuestra urbe". Aquí si que algo ha mejorado y mucho nuestra ciudad, con el actual alcalde y mientras tanto, doña Violeta ha sido ascendida, según la famosa ley de Parkinson, al lugar de máxima incompetencia, con su propuesta de enviar médicos salvadoreños a luchar contra el ébola mientras somos los campeones centroamericanos en cifras de dengue y chikunguña.

Me gustaría ser optimista pensando en el nuevo año. Que por fin funcione, y bien, el Sitramss –que casi es como creer en Santa Cla-us– y que la ciudadanía que permanece en su sueño político de creer en el Socialismo del Siglo XXI, se despierte. En cuanto a novedades mundiales importantes, seguiré soñando con que en Venezuela se restablezca la democracia; en Cuba se acabe la tiranía de Fidel y su hermanito; el mito del cambio climático estalle, mostrando su falsedad científica y su manipulación ideológica; que los que viven a costa de él sean juzgados duramente por un tribunal internacional honesto; que el Estado Islámico sea aniquilado; que las mujeres de los países musulmanes adquieran igualdad de derechos que los hombres y que todo el montaje ideológico de la cultura de la muerte se desmorone y desaparezca.

* Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com