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Un ambiente propicio

De cuando en cuando nace un ser prodigioso en el cual se combinan una estructura física particular, un cerebro con capacidades perceptivas extraordinarias, una actitud perseverante y competitiva, y una inclinación personal por determinada actividad. Estos seres, a quienes la naturaleza dotó de esta amalgama de cualidades, tienen todo para convertirse con el tiempo en los mejores en sus respectivas ramas, por ejemplo en un deporte.

Pero esto sólo se da, como se dijo, de cuando en cuando. Son las excepciones, no la regla; son producto del azar, de combinación de genes y del destino. En la mayor parte de casos –centrémonos del todo en el deporte– los campeones no surgen de la casualidad, sino de la relación entre habilidades innatas y un ambiente propicio. Y entre las dos, la más importante es el ambiente propicio.

Los deportes, en especial en el área profesional y olímpica, tienen una elevada importancia, cosa que muchas veces no se reconoce como debería. Son esenciales en la autoestima de los pueblos. Sirven asimismo para el desarrollo de la identidad nacional y hasta determinan en buen grado la clase de relaciones interpersonales que existen entre los ciudadanos de un país. Apoyar el deporte de alta competitividad no sólo es aconsejable desde un punto de vista general, es estratégico. Los individuos de países que destacan en los deportes y desarrollan esa identidad, tienen mayor conciencia de grupo y por tanto tienden a relacionarse mejor.

¿Cómo se puede formar campeones deportivos en El Salvador, que nos enorgullezcan y que eleven la autoestima nacional? La clave no está en los genes (aunque hay, como lo comprueban algunas medallas) que no son susceptibles de control. Está en la organización, en la administración eficiente y en la percepción de prioridad.

Pero con frecuencia las cosas se hacen al revés, con la justificación de la limitación de recursos. Se espera que surjan figuras y a éstas se les da el apoyo. Eso es esperar a que la ruleta favorezca. La cuestión debería de ser lo contrario, estimular el deporte de alto nivel, apoyarlo con decisión, y de ahí surgirán las figuras. Un medio propicio hará que emerjan. La razón del porqué son los mismos países los que encabezan los medalleros en las competencias internacionales es que en ellos existe un ambiente que estimula, una buena organización y una voluntad de definir la actividad deportiva como prioritaria. No debe extrañar, pues, que se den resultados desfavorables si faltan estos elementos. Los buenos resultados se producen cuando se piensa en grande, y se administra y organiza en concordancia. ¿Y los recursos? François de La Rochefoucauld dijo "Si tuviéramos suficiente voluntad casi siempre tendríamos medios suficientes".

¿Qué hace que los corredores de Kenia ganen casi todas las maratones del planeta? ¿Cuál es su secreto? Esta pregunta se la han formulado muchos. Las respuestas van desde que es su contextura física, su costumbre de correr desde niños, la elevada altitud del país que promueve cambios fisiológicos en la utilización del oxígeno. Un estudio científico determinó que el secreto es que no hay secreto, y que es el conjunto de todos estos factores los que los hace campeones. Pero hay otro factor crucial; los kenianos, desde el más poderoso hasta el más humilde, son entusiastas de las carreras, se organizan bien a pesar de la limitación de recursos, y ven a sus deportistas como los seres más valiosos del mundo.

* Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.