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El ambiente en la Asamblea

Decepción y cólera sentí ante el ambiente de indisciplina y mala educación que mantenían ciertos diputados en el lugar de trabajo para el que fueron elegidos, y por lo que cobran jugosos salarios

Visité por primera vez la Asamblea Legislativa, cuando se le concedió un reconocimiento a mi amiga Gloria Salguero Gross. Y como la mayoría de ciudadanos que no frecuentamos tan augusto recinto, tenía grandes expectativas sobre la sesión solemne a celebrarse en el Salón Azul.

Decepción y cólera sentí ante el ambiente de indisciplina y mala educación que mantenían ciertos diputados en el lugar de trabajo para el que fueron elegidos, y por lo que cobran jugosos salarios, desorden que ni en mis muchos años como maestra de bachillerato, hubiera tolerado yo en mis alumnos.

Pareciera que las reglas de urbanidad y respeto no existen. Desde algunos miembros de la multitudinaria junta directiva, platicando entre ellos, riéndose y hablando por sus celulares, hasta los que ocupaban las curules de las diferentes fracciones, se permitían el lujo de voltearse de espaldas a la mesa directiva, para conversar con sus colegas sentados atrás. Unos comiendo, muchos jugando en las computadoras, y otros circulando por los pasillos, mientras aquellos en uso de la palabra, intentaban emitir su opinión. Notoria impuntualidad, porque minutos antes de que se terminara la sesión, seguían entrando y marcando asistencia, como si hubieran estado presentes desde su inicio.

 Recientemente el novel diputado Juan Valiente escribió un revelador artículo sobre sus primeros 100 días en la AL, que resume con la frase: “Nada de lo que me dijeron me preparó para la prueba de fuego como diputado de la Asamblea Legislativa: Se viola constantemente la Constitución, se pide dispensa de trámite y mientras se lee la pieza y el decreto muchos de los legisladores charlan. La costumbre de abstenerse de votar, para no votar en contra y no quedar mal con nadie. Perfecta cobardía y doble moral. La transmisión en vivo por TV, de discursos baratos de plaza pública, con acusaciones mutuas del pasado”. (Más detalles en el párrafo anterior, pues mi experiencia personal es similar).

¿Qué podemos esperar de legisladores que no leen, ni estudian, ni entienden las leyes que aprueban? Hay leyes importantes, que exigirían larga y ponderada discusión, y se dejan para la madrugada entre sueños y bostezos, o siguen engavetadas durante meses. Las que se logró aprobar: Establecer el 19 de agosto como Día de la Educación en Sexualidad y el 29 de septiembre Día Nacional de la PNC. Nombrar Hijo Meritísimo a don Óscar René Toruño y de manera póstuma, a María Julia Hernández. ¡Altamente prioritarias en un país sumido en la violencia, agobiado por la sequía y con una economía decadente! Pero para 2016, el presupuesto de la AL aumenta en $2.4 millones en bienes y servicios, destinados a viajes y comidas, que en la hoja del proyecto aparecen en blanco, así como contrataciones y remuneraciones, que siguiendo la lección de Sigfrido Reyes, Lorena Peña ejerce el derecho de hacerlo de manera inconsulta. ¿Dónde quedan la austeridad y la transparencia? 

Acaloradas discusiones entre ARENA y el FMLN por discrepancias en la aprobación de los informes de labores del MINED y MINSAL, por no cumplir los requisitos exigidos. Violeta Menjívar asegura que la falta de lavadoras, aire acondicionado, equipo de esterilización y suministro de agua en los hospitales públicos no son relevantes, ante los logros de su administración, que proyecta la construcción de dos hospitales más, con tecnología de punta, a un costo de $95 millones. Aunque quizá el término más acertado no sería dos hospitales, sino dos edificios, sin equipo ni personal, pero inundados de sufridos pacientes. ¿Se motivará el votante a asistir a una plenaria en el Salón Azul?
 

*Columnista de El Diario de Hoy.