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Ambición de mejora

El 2015 es una página en blanco, con cientos de opciones para elegir lo que queremos para los próximos doce meses, tanto en lo personal como a nivel de país. Es momento de pensar seriamente en nuestra responsabilidad para no desperdiciar este tiempo, del que no sabemos si podemos disponer, o si Dios nos pedirá cuenta antes del uso que hicimos de nuestros talentos. Vale la pena hacer una planeación de nuestros futuros planes.

Como todos deseamos prosperidad para el país, superando violencia, corrupción, subdesarrollo y pobreza, la mejor decisión es trabajar por una mejora personal. Ampliar nuestra capacidad académica, aumentar conocimientos, retomar estudios abandonados, porque sólo educándonos, podremos acceder a mejores salarios, y así salir de la pobreza. Hijos convencidos de que deben ser mejor que sus padres, y padres que sueñan con que sus hijos los superen.

Entender que es absurdo creer que las ayudas internacionales son señal de progreso, como de manera ridícula presume el gobierno en sus tarjetas navideñas, orgulloso de haber recibido $600 millones de ayuda internacional, que nos convierte en países pordioseros, que en lugar de trabajar para progresar, prefieren extender la mano, promoviendo programas sociales que en lugar de beneficiar al pueblo, producen generaciones de haraganes, seres sin ambición de salir adelante por su propio esfuerzo.

¿Qué proyecto podríamos elegir para ordenar estos 21,000 kilómetros de territorio? Uno de orden y limpieza, porque nuestros lagos, playas y volcanes están inmersos en toneladas de basura, que parece no estorbarnos, pues al Ministerio de Turismo no le da vergüenza invitar a visitar Pueblos Vivos, cuya belleza se debe adivinar entre calles llenas de basura, ventas ambulantes, perros callejeros y toda suerte de inmundicias. Urge, a nivel nacional, una campaña educativa para separar la basura, en la que intervengan los ministerios de Turismo, Medio Ambiente y Educación, alcaldías, escuelas, universidades, la empresa privada, las familias, y todo salvadoreño responsable y deseoso de tener una mejor calidad de vida.

Insistir en los beneficios derivados de separar la basura orgánica, de la reciclable, cuya recolección constituye uno de los problemas más serios que enfrentan las alcaldías, pagando enormes sumas por el traslado de la basura hacia los famosos botaderos, propiedad de una empresa privada, bastante cuestionada, por no haber siquiera cumplido su promesa de pavimentar la calle de acceso a uno de sus botaderos, a pesar de las protestas de los sufridos vecinos.

Educar al pueblo es tarea de largo plazo, pero se logra a base de constancia. Las personas mayores recordamos la época en que la basura se sacaba en cajas y depósitos que ensuciaban calles y aceras, hasta que un alcalde visionario ordenó de manera tajante, que la basura se depositara en bolsas plásticas, o no se recogería. Y aunque abundaron las protestas, argumentando que la pobreza no permitiría la compra de las bolsas, la razón y la autoridad se impusieron, por lo que vale la pena insistir en la separación de la basura, lo que será de beneficio para todos, y será fuente de generación de empleos.

Muchos considerarán absurdo invertir tiempo y recursos en campañas de limpieza y tratamiento de basura, olvidando que además de evitar enfermedades, también disminuiría la imparable violencia que nos aflige. La experiencia de otras ciudades, donde la limpieza ha traído consigo una disminución de la violencia, debería ser un patrón a seguir, cuando manos duras y súper duras han fracasado.

Quiera Dios que todos tengamos la sana ambición de ser en el 2015, mejores personas, para beneficio de nuestras familias y de nuestro país.

*Columnista de El Diario de Hoy.