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Algunas ideas sobre el poder a 30 años de la muerte de Foucault

El próximo junio se cumplen 30 años de la muerte de Michel Foucault; a diferencia de lo que ocurre en Europa, donde se preparan eventos culturales y académicos en torno a este filósofo, algunos dicen que uno de los más influyentes del Siglo XX, en nuestro terruño poco o nada se dice de él, mucho menos habrá algún acto que recuerde su obra y que permita reflexionar sobre la actualidad de este autor francés. Él fue uno de los más agudos pensadores que reflexionaron sobre las "estructuras presentes pero no visibles" del actuar del hombre, en especial con su "pila" de explicar la naturaleza del poder que se plasma en instituciones que "regulan y transmiten" definidas acciones de dominación y poder.

Se dice que 30 años después de su muerte, por lo menos así lo informa el corresponsal del periódico "El mundo", de España, en Francia, Juan Manuel Bellver, el filósofo francés ha vendido más de un millón de ejemplares en su tierra natal, pese a su expresa prohibición de imprimir ediciones póstumas.

Releyendo sobre su obra y de lo que de él se dice, pareciera que Foucault está de moda, y lo está porque su pensamiento sigue siendo actual, incluso en un ángulo que desconocía como es el haber iniciado la reflexión sobre autores económicos como el austríaco Friedrich Hayek o el estadounidense Gary Becker y plantear los peligros de la "imposición de una forma de vida guiada por la tiranía del mercado y la disciplina presupuestaria" tal como lo dice Bellver, citando a Eric Aeschimann en "Le Nouvel Observateur", incluso se asevera que Foucault "fue también un brillante analista de la economía liberal".

Tampoco sabía, que Foucault murió a los 58 años, víctima del sida, que había sido miembro del Partido Comunista el cual abandonó poco después, al igual que otros pensadores de la época, incluido su maestro, Louis Althusser, decepcionado de las barbaridades que se cometían en la URSS y los esquemas mentales cerrados de este partido que pregonaba alcanzar "el paraíso de la igualdad".

Sí sabía, y por eso no me extraña que 30 años después de su muerte siga siendo tan actual, es porque la obra de Foucault tiene entre sus ejes centrales entender la naturaleza del poder y cómo este se expresa en las instituciones y el actuar de los hombres; obras como "Vigilar y Castigar", es una indagación sobre la cárcel; en otro libro, "El Nacimiento de la Clínica", trata sobre la enfermedad mental; mientras que en "Arqueología del saber", tiene que ver con el conocimiento y en "Historia de la sexualidad" trata sobre el sexo. "Las palabras y las cosas" se propone mostrar algunas estructuras mentales que explican el discurso.

Tal como lo dice el periodista español, Pedro G. Cuartango, "El poder, que se materializa a través de instituciones como la educación, la clínica y el Estado, es como un molde que configura ya no sólo nuestra conducta sino, sobre todo, nuestros valores y nuestra forma de ver el mundo". Este último es un planteamiento que abre la posibilidad de superar aquella doble visión errónea: por un lado, entender el poder como algo intrínseco al aparato del Estado y, por otro, que el poder actúa por medio de mecanismos de represión e ideología.

El poder no es algo que posea la clase dominante o hegemónica, no es una propiedad sino que es una estrategia, por tanto, el poder no se posee, se ejerce y sus efectos no son atribuibles a una apropiación sino a ciertos dispositivos que le permiten funcionar a cabalidad. Estos dispositivos que adquieren dimensión institucional son, entre otros, la misma familia, la religión, la educación.

En este sentido, además de recordar a este autor a pocos días de sus 30 años de muerte, estudiar y reflexionar sobre Foucault, que al igual que otros de la época como lo son Althusser, Sartre, Gaston Bachelard o Levi-Strauss, "trastocaron mi mente en la época de juventud", es un excelente ejercicio para lo que sucede ahora: un mundo, una sociedad donde lo superfluo y superficial pareciera ser lo fundamental y esencial.

Estudiar duro es importante, debatir y discutir lo es más, pero resulta esencial alcanzar acuerdo para solventar los problemas y desafíos que tenemos por delante. Sin duda, no podremos avanzar si no profundizamos, si no llegamos al fondo de las cuestiones, si no entendemos o nos proponemos entender las ideas.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com