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Ahora es cuando

Las publicaciones de los medios de comunicación con respecto a los bienes de dudosa propiedad y procedencia, con que ciertos personajes se han beneficiado durante y después de su permanencia en puestos públicos demuestran, al menos, dos cosas: la primera es que meterse a político puede resultar de gran rentabilidad en el corto plazo, y la segunda es que las denuncias de los medios de comunicación y el consiguiente escándalo, para efectos prácticos, resultan inocuos.

Cuando los medios de comunicación destapan propiedades millonarias habidas con sueldos que no darían para comprarlas, escándalos de testaferros, o cuando el tren de vida que algunos llevan, o el tipo de bienes suntuarios (automóviles, joyas, ropa) que gastan, es un secreto a voces; el famoso dicho que reza que "lo que no mata, engorda", termina por confirmarse, pues después de la novelería y el interés morboso que ese tipo de noticias despierta, del run run en las redes sociales y de ser la comidilla del momento; después de la tormenta, los políticos denunciados salen más fortalecidos en su imagen pública.

Parecería que nuestra tolerancia crece proporcionalmente con el cinismo de algunos políticos, empresarios, o gente de fachada honorable pero trastienda vergonzosa, que van por la vida enriqueciéndose a costillas del fisco, de licitaciones y negocios amañados, o de redes de influencia tejidas con ocasión de los puestos públicos que ocupan. Más aún, la situación recuerda lo que sucede con esos microrganismos patógenos que van desarrollando capacidades para contrarrestar los efectos de los antibióticos, de modo que las dosis de medicamento deben ser cada vez mayores y más frecuentes, pues la resistencia desarrollada por los bichos anula la acción terapéutica de los remedios.

Hace no muchos años, la madera de un periódico, u ocupar el tiempo estelar de un noticiero, hacía, al menos, que los acusados fueran más discretos. En los tiempos que corren no solo parecen no inmutarse, sino que recurren al contra ataque y al teatro, si no al insulto descarado y a las cortinas de humo, para quitar hierro al asunto y seguir como si no hubiera pasado nada. Pero lo peor no es que actúen de ese modo, sino que su credibilidad se vea fortalecida cuando debería suceder todo lo contrario.

La prueba está en que, no sé si por la breve memoria histórica que tenemos los electores, porque en el fondo no nos importa que se malgasten los impuestos que todos pagamos, o simplemente porque pensamos que las cosas son y deben seguir siendo así, al final del día los protagonistas de escándalos y corrupciones siguen siendo elegidos una y otra vez para ocupar puestos públicos.

También puede ser que los medios de comunicación, a golpe de hacer escándalo de cualquier pequeñez, a fuerza de acusar y publicar acusaciones en contra tanto de políticos criollos como de personajes públicos en el extranjero, al final hayan logrado no solo que los acusados se inmunicen contra el ataque, sino que nosotros mismos, los lectores y electores, terminemos por escuchar las acusaciones como oír llover.

Menos mal que la próxima semana tenemos oportunidad de apartar del poder a quienes consideremos que no han hecho las cosas bien, o que han utilizado para encumbrarse el puesto público que ocupan. Pero más que simplemente castigar, deberíamos informarnos y descubrir que tanto entre los que nos piden la reelección, como en quienes pretenden ocupar cargos por primera vez, hay personas trabajadoras, honorables y de carrera profesional intachable.

Tenemos ahora la oportunidad, más que en otras ocasiones, de corregir con un voto razonado y consciente al menos un poquito el rumbo de la cosa pública.

*Columnista de El Diario de Hoy.

@carlosmayorare