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Agua bendita

Último de abril en El Salvador. El mercurio marcaba 36° pero se sentían 100. La suela de los zapatos se pegaba en el asfalto, la ropa en la piel. "La calor está que aaaarde", se quejaba Romero, el carpintero. "Solo falta que tiemble como en Nepal", advertía Sabrina la bailarina. ¡Daban ganas de bailarle a la lluvia para que nos aliviara!

Por la noche, parecíamos pupusas en comal: tanto por lo caliente del colchón, como por vuelta y vuelta que dábamos sin poder dormir.

De madrugada, los truenos hacen vibrar nuestras ventanas. Sudoroso, me levanto en calzoncillos, a "ispear" la silueta del volcán iluminada por los rayos, a alucinar con semejantes gototas, y a disfrutar un profundo aroma a tierra mojada, que me hizo retroceder a mi infancia en Santa Tecla.

Semejante alivio. Bañaste a San Salvador, y le sacaste carrera a la calor. Despejaste la bruma, y nos regalaste un amanecer esplendoroso. El sol salía con tamaña sonrisota; las urracas y pericos te daban las gracias con una sinfonía a las Cuatro Estaciones de Vivaldi; los zompopos y ajalines salieron de sus cuevas a tomar agua y coquetear.

Los homo sapiens cuscatlecos también andábamos contentos. Era 30, día en que cae la rata; estábamos a las puertas de un fin de semana larga; qué alivio no sudar tanto, y no más Sigfrido Reyes.

Felicidad semejante a la que sentimos, el último de mayo del año pasado, cuando despedimos a aquel que les conté con "te guste o no te guste, TE VAAAASSSSS!"

Pero ahora no se escribe de política chuca, se escribe de agua mágica y bendita.

Bendita cuando el padre Toño, de la iglesia tecleña de San Antonio, marcaba la cruz en mi frente con tu poder. ¡No más pánico de madrugada por la Carreta Chillona ni la Siguanaba!

Mágica cuando, además de traer alivio y esperanza, pintas de verde a la nación. Escondes tanta basura, das la impresión de que somos un eco país, en el que el eco turismo es tan robusto como el de Costa Rica.

Sin agricultura no hay comida, dice el grafiti. Cierto, pero sin agua no hay agricultura ni vida.

Purificas, cuando eliminas el e-coli de la lechuga, y cuando, oxigenada, emites burbujas de poder encima del raspón.

Arrancas la nave, cuando destilada, haces que la batería dispare chispas de energía.

Botas nuestro stress cuando, fermentada, y combinada con malta, te empinamos y luego chambreamos.

Bendita y mágica H2O: Ahhhhh qué bendición, cuando nos hidratas, especialmente si estás helaaaadaaa.

¡Démosle agua al agua!

Aprovechemos la lluvia para acapararla. No la desperdiciemos; actuemos con el ejemplo, cerrando el chorro cuando nos pulimos la dentadura, y nos enjabonamos las manos y el cuerpo. Ojo al Cristo cuando lavamos los platos y el perol. Googliemos "jardines del desierto", para tomar ideas, y así no tener que regar tanto.

Ya lo dijeron, este año regresa el niño con ganas de amolar. El mismo niño que acaba de provocar la sequía y los incendios más intensos de la historia californiana. ¡Menos mal no es niña!

Esperemos que el cipote pierda fuerza durante su trayecto desde el norte. ¡No nos abandones agua de mayo, los salvadoreños no nos merecemos otro mal!

Recordémoslo. Sin agua bendita no hay vida. Esto pensaba mientras, en mi moto, quedaba chupadito por la lluvia de mediodía. Hice una nota mental para escribir esta reflexión, abrí la boca para quitarme la sed y, tal si fuera Gene Kelly, seguí mi recorrido cantando: "I?m singing in the rain, just singing in the rain, what a glorious feeling, I?m haaaappy again..."

*Colaborador de El Diario de Hoy. calinalfaro@gmail.com