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Afortunadísimos becarios

Sería un cinismo decir que El Salvador no es el país de las oportunidades. Existe desde 1991 una beca espectacular que permite a veinte afortunados, disfrutar durante cinco años de un excelente salario que asciende a casi 4,000 dólares mensuales e incluye viáticos y viajes por Centro América. La beca no está sujeta a las fatigas engorrosas de arduas jornadas laborales: históricamente los becarios la han disfrutado a pesar de haber trabajado únicamente 90 días en un año. Como si no fuera lo suficientemente apetitosa, la beca incluye una balsámica amnesia para fechorías del pasado, también denominada legalmente como fuero.

La beca, conocida comúnmente como "diputación en el PARLACEN", la otorga generosamente el contribuyente centroamericano a través de los aportes de más de un millón y medio de dólares anuales por país a la institución en teoría encargada de volver una realidad el sueño integrador de Francisco Morazán. La rendición de cuentas es un concepto foráneo al diputado salvadoreño que integra el PARLACEN, pues los lazos que vinculan al funcionario con el electorado son prácticamente inexistentes. Hasta ahora el elector ha votado a ciegas por los veinte paladines de la integración que lo representarán ante el organismo centroamericano por cinco años, pues sus candidaturas son llevadas durante la campaña electoral en el más sepulcral de los silencios y la papeleta en la que son electos ha sido la misma que la usada para votar por diputados a la Asamblea Legislativa, volviendo indistinguible el proceso para el elector. De manera magnánima el Código Electoral salvadoreño permite la candidatura doble, para que si un diputado no logra curul en la Asamblea Legislativa, pueda consolarse con la del PARLACEN, como lo hiciera el célebre becario Ciro Cruz Zepeda en 2006.

Un recuento de los logros del PARLACEN sería bastante breve, pues cualquiera que ha perdido horas valiosas haciendo filas en las fronteras para visitar las tierras vecinas, sabe que la integración centroamericana no ha pasado de ser papel y letras muertas. Donde la existencia del PARLACEN deja de ser risible y se vuelve peligrosa, es en la diputación automática que se le extiende a los expresidentes de los países miembros, que incluye durante cinco años más el fuero que los reviste de inmunidad ante posibles cuestionamientos sobre el manejo de fondos durante sus períodos presidenciales.

Este incentivo a la corrupción es alimentado por la ignorancia e indiferencia que la ciudadanía tiene ante el asunto. No se discuten verdaderas reformas para poner a la institución al verdadero servicio de la integración o retirarnos como país porque los actores encargados no tienen incentivos reales para transformar lo que por el momento es un verdadero paraíso de retiro para la esfera política. Costa Rica, de manera acertadísima, jamás ha dudado en decir las cosas como son y se rehúsa a volverse parte del Parlamento Centroamericano a menos que se introduzcan reformas que van desde reestructurar las funciones del organismo hasta la anulación de la diputación automática presidencial y la reducción de los altos costos de mantenimiento. Panamá ha afirmado, muy a pesar de las protestas de la Corte Centroamericana de Justicia de que ningún país miembro puede abandonar el PARLACEN por "no existir mecanismos legales" para ello, que al finalizar este período legislativo optará por retirarse.

Desde 1815, ya intelectos como el de Simón Bolívar conceptualizaban el ideal integracionista y no conformándose con enfatizar las ventajas geográficas de Centro América como puente comercial, elevaban este potencial innegable calificando al Istmo como "el emporio del universo". Justificar en el sublime ideal integracionista la existencia de un organismo despilfarrador e inútil que podría estar funcionando como asilo para corruptos es un insulto al sueño que Francisco Morazán volviera su proyecto de vida.

*Lic. en Derecho.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg