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La afición que cambia la vida

Hace algunos años, en una ciudad latinoamericana, hubo un estallido de violencia callejera. Esto no es noticia pues ese tipo de hechos son comunes en nuestros países. Lo que sí es noticia es que la cuestión se puso peor, y además de las usuales quemas de llantas y daños a bienes públicos, hubo saqueo de tiendas y comercios, no sólo de parte de los revoltosos sino también de gente que pasaba por ahí y que "aprovechó la oportunidad". Pero tampoco es una gran noticia puesto que también es parte de lo que puede suceder en nuestros países. Lo que sí es interesante es que entre los muchos comercios que quedaron vacíos hubo uno que quedó intacto, que ni le abrieron la puerta: la librería.

El incidente no deja de ser curioso pues nos da una idea del nivel cultural de nuestros pueblos. Aparte del hecho de que saquear y robar es moralmente lo mismo, lo que llama la atención es el nulo interés que los libros suscitaron. Es posible que las personas que pudieron tener interés, por el mismo hecho de ser lectores, hayan tenido más conciencia y respetaron lo ajeno. No sé, pero el caso me parece sintomático. Sugiere una de las razones de por qué estamos como estamos.

Existen dos cosas que, además de la instrucción académica, permiten elevar el nivel cultural: la lectura y los viajes. Nada enseña y forma mejor que estas dos cosas. Pero los viajes resultan caros y a veces la lectura es la única opción posible, y es lamentable que ni siquiera esta opción esté más difundida. Quien no lee se pierde de mucho, se ve reducido a un mundo muy limitado, queda a voluntad de lo que los demás le dicen y tiene menos potencial de formar un criterio independiente y pensar por sí mismo.

La lectura cambia la vida, pues además de ser un placer en sí mismo, abre caminos y oportunidades insospechadas. Hace varios años relaté sobre la vida de Ben Carson, Jefe de Neurocirugía Pediátrica del Hospital Johns Hopkins y uno de los neurocirujanos más reconocidos del mundo. Hijo de padre alcohólico y de madre lavandera, creció en una zona peligrosa de Detroit, integró pandillas y por un tiempo fue el peor de su clase. Sus perspectivas eran obscuras, pero algo transformó su vida. La madre, aunque analfabeta y tan pobre que sólo podía alquilar un garaje para vivir con sus hijos, tuvo la determinación de inculcarles la lectura. Los obligó a leer dos libros a la semana de la biblioteca pública y lo que al principio fue obligación --tenían que leer si querían comer-- se convirtió en un hábito. Vinieron eventualmente becas en Yale y la Universidad de Michigan, y estudios en Australia. Un día quedó un puesto vacante de neurocirugía en Hopkins, que muchos solicitaron. Al momento de la entrevista pasó algo sorprendente. Contrario a lo esperado, el Jefe del Departamento no preguntó al doctor Carson sobre técnicas quirúrgicas, simplemente le preguntó si le gustaba la música clásica. El encuentro, que debía durar unos minutos, se prolongó por horas. Al final el puesto estaba dado.

La historia del Dr. Carson es interesante pero no insólita. El hábito de la lectura ha cambiado la vida a muchas otras personas. Es algo que podemos dar a nuestros hijos y que es mejor que cualquier herencia. Entre otras cosas evita el impulso de saquear tiendas.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.