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Adultez, ¡por favor!

El expresidente Funes, por ejemplo, ha querido insinuar que los responsables de que él se encuentre en estos momentos bajo el escrutinio público son FUSADES, los magistrados de la Sala de lo Constitucional, los periódicos...

Existen varias maneras de definir la adultez. La adultez que quiero comentar no es la biológica, esa que viene como consecuencia del paso del tiempo después que la persona ha superado la niñez y la adolescencia, sino a la psicológica, esa a la que se llega después de varios porrazos a los que muchos llaman “experiencia”. Independientemente de cómo se quiera definir la adultez, una característica que innegablemente la desmarca de la inmadurez, es la responsabilidad: esa incomodísima obligación de tener que hacerse cargo y declararnos dueños de todos nuestros actos libres y voluntarios y por lo tanto, de las consecuencias que a ellos vienen atadas.
 
Antes de la adultez, los dueños de las consecuencias de los actos del individuo no adulto son quienes tienen a su cargo su custodia. Nadie espera una rendición de cuentas por parte del niño que bota al suelo el contenido entero de un estante del supermercado, precisamente porque son sus padres en ese momento quienes darán la cara. Es ese probablemente uno de los mayores desencantos de la adultez: que las cuentas de la tarjeta de crédito, la factura del teléfono o los reclamos por un choque, ya no llegan a nombre de los padres. Sin embargo, existen individuos que a pesar de ser adultos desde el punto de vista biológico, continúan asumiendo que alguien más dará la cara por los artículos rotos en sus berrinches de supermercado.
 
Las noticias de las últimas semanas nos ofrecen varios ejemplos de lo anterior, tristemente en nuestra clase política. El expresidente Funes, por ejemplo, si bien su culpabilidad solamente puede ser declarada después de haber sido oído y vencido en juicio, ha querido insinuar que los responsables de que él se encuentre en estos momentos bajo el escrutinio público son FUSADES, los magistrados de la Sala de lo Constitucional, los periódicos, la ANEP, el partido ARENA, y con suficiente tiempo, incluso habría culpado a los personajes de Jardín Infantil. Y sin embargo, el único dueño de los estados de cuenta no justificados es él, pues fueron de él los actos libres de incurrir en gastos con fondos que podrían ser públicos.

Otro que tiene bastante en común con el expresidente Funes – y no por ser “figuras emblemáticas de izquierda”, según se autocalificó el humilde expresidente – es el Alcalde de San Salvador, que en vez de declararse dueño de sus actos libres, como son sus aparentes asociaciones con bandas de acoso cibernético,  ha decidido atacar al mensajero (en este caso los periódicos), demandando que paguen impuestos. Independientemente de que la reforma fiscal de 2014 haya quitado la exención de los periódicos, el tema que el Alcalde quiere esconder es que no existen dicotomías en lo que propone. Que los periódicos puedan ser sujetos de reclamos (por su calidad o ventajas fiscales) no entra en conflicto con el hecho de que el alcalde le debe una explicación al público sobre su asociación con los acosadores cibernéticos y la posibilidad de que hayan violentado bienes jurídicos con sus acciones. Si hay pruebas, como mensajes con su nombre que muestran la conexión, debe declararse dueño de esos mensajes. Es, por lo menos, lo que haría un adulto.

Otro grupo con serios problemas para enfrentar las consecuencias de sus actos, son los dirigentes del partido ARENA. Es curioso como, ante los indicios de que se avecinan preguntas sobre la probidad de Tony Saca, todos actúan con amnesia como si no fueron ellos quienes le dieron viabilidad a las ambiciones presidenciales de este empresario radial sin pericia alguna en  la materia de políticas públicas. Al no gustarles la cosecha, quieren andar negando la semilla, a pesar de haberla sembrado. 

Los adultos, si de veras quieren serlo, reconocen su responsabilidad. Y cuando la consecuencia de sus actos afectan a terceros, los adultos decentes además, piden disculpas. 
 

*Lic. en derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy
@crislopezg