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La adolescencia: Una etapa conflictiva

La adolescencia es el periodo de la vida de los seres humanos que ocurre entre los 12 y 19 años; en este periodo existen cambios psíquicos, biológicos y sociales que varían según el contexto cultural y socio económico en el que se desarrolla el individuo. El mundo está habitado por la mayor generación de jóvenes de toda la historia de la humanidad y la nueva generación será aún mayor.

En los países del Tercer Mundo hay cerca de 1,000 millones de personas entre 12 y 19 años, solamente en América Latina se calculan 155 millones de jóvenes entre esas edades. Constituyéndose en más del 20 % de la población de los cuales el 80 % vive en zonas urbanas. En El Salvador específicamente se calcula que del total de la población un 24 % son jóvenes entre 12 y 19 años.

No hay duda de que la adolescencia es un periodo formativo crucial que moldea la manera en que los niños y las niñas vivirán sus años como adultos, no solamente con relación a su salud en general y reproductiva en particular, sino también en su vida social, productiva y económica. Sin embargo muchas de las enfermedades de la edad adulta tienen su inicio en esta época o aun antes, lamentablemente en algunas de ellas la participación de los padres por acción u omisión hacen que este periodo sea aún más vulnerable.

La visión que Sigmund y Anna Freud tenían de la adolescencia es que se convertía en una etapa tumultuosa, beligerante y que producía grandes conflictos internos en casi todas las áreas en que los adolescentes se desenvolvieran, ha demostrado ser cuanto más, parcialmente cierto. La evidencia acumulada a lo largo de las últimas décadas no apoya esa visión y presenta una realidad menos dramática de este tramo del ciclo vital, aunque no por eso menos importante para una solución adecuada. Lo que no puede negarse es que durante la adolescencia aumentan los problemas en tres áreas bien definidas: Los conflictos con los padres, la inestabilidad emocional y la realización de las conductas de riesgo.

Los estudios van más allá y señalan que si se controla adecuadamente el conflicto que se genera entre los jóvenes y sus padres durante la adolescencia, tanto la inestabilidad emocional y la realización de conductas riesgosas por parte de los adolescentes, serán claramente más factibles, viables y efectivas de tratar. No hay espacio para dudar que una participación más activa de los padres, sobre todo en el aspecto afectivo, proporcionándoles confianza a los hijos para reforzar su autoestima durante este periodo transitorio de cambios y además crítico en su desarrollo, motive la formación de adolescentes capaces de superar no solamente esa etapa, sino también forjará adultos capaces de resolver situaciones difíciles en su futuro.

*Doctor en Medicina.

aguilarjoya@yahoo.com