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¿Adiós o hasta luego a las armas?

Timochenko se mostró desafiante y sin atisbos de verdadera contrición por el daño causado. Tal pareciera que el  principal objetivo del Secretariado de las FARC es  allanar el camino para convertirse en un partido político más

El presidente Juan Manuel Santos recurrió a su cuenta de Twitter para expresar su satisfacción por el acuerdo alcanzado con la narcoguerrilla de las FARC después de casi tres años de negociaciones en La Habana: “logramos el objetivo propuesto: ¡Paz sin impunidad!”.

Se entiende el entusiasmo del mandatario colombiano al cabo de medio siglo de una guerra con centenares de miles de muertos y millones de desplazados. Además, Santos se ha visto respaldado por encuestas recientes, en las que la mayoría de los encuestados favorecía la negociación antes que el enfrentamiento militar. No obstante, el conjunto de la sociedad se inclina a que los líderes de la guerrilla cumplan condenas en la cárcel.

Santos se muestra pletórico, pero si se leen los detalles del acuerdo al que ha llegado con el jefe de las FARC, Rodrigo Londoño, alias Timochenko, su lema “paz sin impunidad” es más que discutible. Por lo pronto, el expresidente Álvaro Uribe expone dudas ante lo que a todas luces es una amplia amnistía que puede beneficiar, sobre todo, a guerrilleros que han cometido crímenes atroces. Para el líder de Centro Democrático este pacto de justicia transicional, como antesala a la firma de la paz en marzo de 2016, iguala “a la sociedad civil con el terrorismo”. 

Y es que hasta la propia puesta en escena del anuncio resulta inquietante. La foto oficial recoge el apretón de manos de un jefe de Estado elegido democráticamente (Santos), un guerrillero sanguinario (Timochenko) y un dictador al frente de una dinastía familiar (Raúl Castro). Se mire como se mire, la imagen se presta a confusión en cuanto a la legitimidad de algunos de los actores y mediadores en este proceso.

En la hoja de ruta de esta “jurisdicción especial para la paz” donde se someterá a escrutinio a guerrilleros, paramilitares y ciudadanos que hayan cometido crímenes durante el conflicto armado, se estipulan penas sin cárcel de cinco a ocho años para quienes admitan sus delitos. Y aquellos implicados que no reconozcan su responsabilidad enfrentarían cárcel con condenas de hasta veinte años. Estos apartados ya están dando que hablar porque será en extremo difícil dirimir los grados de culpa. Asimismo, para muchos no deja de ser una burla que el mero hecho de admitir un crimen se pague con voluntariados sociales o en una granja.

Sin duda, la sociedad colombiana anhela dejar atrás la pesadilla de un conflicto armado que ha dejado un inmenso reguero de sangre. Pero incluso hoy, en medio del júbilo por lo que podría representar un alto el fuego definitivo, es inevitable preguntarse si se está hipotecando el futuro al enterrar el pasado para avanzar. En su línea habitual, después del anuncio Timochenko se mostró desafiante y sin atisbos de verdadera contrición por el daño causado. Tal pareciera que el principal objetivo del Secretariado de las FARC es allanar el camino para convertirse en un partido político más. Será cuestión de que los colombianos disciernan si ahora son unos verdaderos demócratas dispuestos a entregar las armas, o estalinistas camuflados que hasta el día de hoy lucran con el negocio del narcotráfico apoyados por aliados como el chavismo venezolano. 

Durante su reciente visita a Cuba el Papa Francisco apoyó este esfuerzo por alcanzar la paz y aseveró “No tenemos derecho a permitirnos otro fracaso”. En seis meses acaso sabremos si sus palabras fueron proféticas en una tierra sembrada de fracasos desde hace otro medio siglo. [©FIRMAS PRESS].

*Twitter: @ginamontaner.