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Acostumbrándonos a lo ridículo

En algún momento en el colegio nos enseñaron algunas cosas fundamentales sobre los "seres vivientes" en general. Una de esas la capacidad para adaptarse al ambiente que nos rodea. Lo podemos ver palpable en que los pescados pueden respirar estando bajo agua, bosques enteros viviendo sobre ríos, todo tipo de especies sobreviviendo en los más invivibles ambientes que nos podamos imaginar a través de todo el planeta.

De la misma manera sucede con los humanos. Podemos ver diferentes características en las razas que se adaptan de una manera y otra al ambiente que les rodea. Sin embargo, sin lugar a duda la humanidad es una especie que se adapta con mayor facilidad, por medio de tecnología y otros aspectos, a cualquier tipo de ambiente.

Ahora bien, en nuestro caso, nos adaptamos al ambiente ecológico, pero también social que nos rodea. Si lo analizamos, incluso los salvadoreños tenemos una palabra específica que se relaciona a esto que escribo, y le llamamos "rebuscarnos". Buscamos siempre salir adelante sin importar las adversidades ni situación; esta es una característica positiva y digna de admirar por cualquiera. Es un orgullo que podamos decir que "salir adelante" es parte de nuestro ADN como sociedad.

Lo que no nos ponemos a pensar, o por lo menos no lo suficiente, es por qué tenemos que estarnos rebuscando todo el tiempo. Tenemos nuestros problemas de medio ambiente, como diferentes tipos de desastres naturales, pero también de aspectos sociales y políticos.

Los salvadoreños estamos llegando a ver normal que todos los días se reporten estadísticas de asesinatos que solo se ven en países con guerra. No nos parece extraño que hayamos tenido una avenida exprés que costó millones de dólares tirados por años al lado de Casa Presidencial, y que hoy tengamos una estructura todavía más grande y costosa como el Sitramss. Nos hemos adaptado a simplemente pensar que cosas inverosímiles de ese tipo son realmente posibles en un país como el nuestro.

A continuación algunos ejemplos: Que a media crisis financiera y negociaciones de reforma fiscal el diputado presidente y demás diputados viajen por el mundo gastando millones de dólares, mientras un buen porcentaje de nuestro país está sumido en la pobreza. Con todo respeto a nuestro presidente, nos parece normal y chistoso que nuestro máximo líder y representante a nivel mundial diga frases como "pido un respeto respetuoso" cuando se refiere a la máxima autoridad militar. No es normal que suban los impuestos todos los años y que cada vez les alcance menos.

No nos asustan monumentos a la deforestación en vez de invertir en forestar, fondos simplemente perdidos del Estado, hospitales sin construir que estuvieron presupuestados. Fiestas de Navidad en la Asamblea Legislativa que cuestan casi un centenar de miles de dólares.

¡Nos estamos acostumbrando a lo ridículo! Nada de esto es normal; todo lo contrario, es absurdo, ridículo, una burla, pena, insulto y todo lo demás que sea lo opuesto a la palabra "normal".

No es normal que nos gobiernen personas sin capacidad para gobernar o que solo lleguen a servirse a sí mismos. La corrupción no es normal, no es algo "que todo son así". Los proyectos se hacen bien, y más si es con nuestro dinero, y si no, que pague las consecuencias el culpable.

Los salvadoreños debemos subir nuestra autoestima colectiva, no conformarnos con ser mediocres. Debemos subir la barra, exigirnos más. Si nos acostumbramos a esperar resultados mediocres, entonces nosotros mismos nos condenamos a ser mediocres para siempre.

Ahora bien, ¿nos importará lo suficiente como para comenzar a exigirnos individualmente? Opino que sí, entonces prediquemos con el ejemplo.