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¿Aciertos y desaciertos?

Nos acercamos a la celebración del cuarto aniversario del Gobierno. Los últimos doce meses presentan una serie de hechos y acontecimientos que permiten describir el comportamiento de los principales actores relacionados con la actividad presidencial. Hay aciertos y desaciertos que cada quien interpretará de acuerdo a la visión de país que le gustaría implementar. Varias de las recriminaciones son prácticas recurrentes del pasado cuando al frente del Ejecutivo se encontraba el principal partido de derecha. La diferencia podría encontrarse en que ahora se utiliza un mayor grado de sofisticación de "los malos hábitos" y una interpretación antojadiza de la Constitución y de la ley. En contraste, hay énfasis importantes y positivos en lo social, en el acceso a la información pública, en la política exterior y si bien con luces y sombras, en la manera de resolver los conflictos políticos.

La crisis institucional traspasa este período y muestra signos preocupantes de deterioro del sistema democrático. Existen señales que indican una intención clara del control partidario de las instituciones públicas. Esta es una conducta cuyos antecedentes se remontan a los gobiernos anteriores. Sin embargo los mecanismos, las alianzas partidarias y los apoyos del Ejecutivo, revelan una profundización del problema en los últimos años y particularmente en el período que los salvadoreños auditaremos el próximo 1º de junio.

El desacuerdo con las sentencias de la Sala de lo Constitucional no presenta mayores inconvenientes. La sospecha surgió cuando de la crítica a las resoluciones, normal y necesaria en democracia, se pasó a las declaraciones y actos, tanto del gobernante como de varios partidos, orientados a desarticular a esa instancia judicial. Al final del conflicto, el mandatario prestó sus buenos oficios como mediador y a pesar de las descalificaciones de sus detractores sobre su falta de imparcialidad, la crisis culminó, aunque con serias dudas acerca del cabal cumplimiento de los fallos de la Sala. De no desmontarse la disputa, sus consecuencias habrían arriesgado la estabilidad del sistema político.

Las relaciones entre el mandatario y el sector empresarial han pasado en el último año de tensas y distantes a prácticamente nulas. Como consecuencia, la certidumbre, requisito esencial para la atracción de inversiones, se ha deteriorado en prácticamente todos los informes de las clasificadoras de riesgos. La expulsión de los representantes de la empresa privada en las Instituciones Oficiales Autónomas a través de reformas de ley cuya iniciativa se gestó en Casa Presidencial, acentuó las diferencias entre el Presidente y los empresarios a tal grado que estos últimos acordaron retirarse del Consejo Económico y Social. Hubo una constante y recíproca atribución de culpas por la situación actual que enfrenta el país y las posibilidades de acuerdos entre uno y otro actor fueron prácticamente inexistentes.

En materia social destacan los proyectos "Ciudad Mujer" y "comunidades solidarias", así como el "programa de apoyo temporal al ingreso", en los que básicamente las metas propuestas en el plan quinquenal presentan un razonable grado de cumplimiento y algunas de éstas inclusive se han sobrepasado. El déficit en este rubro es la falta de evaluación de impacto pues no existen documentos oficiales que demuestren la consecuencia directa de esas iniciativas en el desarrollo social y en la disminución de la pobreza.

Comparar las promesas de campaña y las políticas públicas incluidas en el plan quinquenal con su nivel de avance, es una de las metodologías que cuentan con cierto grado de objetividad. En tal sentido, quienes investigan y auditan una gestión presidencial desde el ámbito estrictamente político, no tienen más que contrastar uno y otro dato. Para el caso, las promesas de generación de empleo, de construcción de viviendas y de apertura de equipos comunitarios de salud familiar y especializados, muestran retrasos significativos que auguran un incumplimiento de la respectiva promesa debido al limitado tiempo que resta antes que finalice el quinquenio presidencial. En el ámbito de la educación, aunque la población evalúa positivamente la entrega del paquete familiar que incluye útiles escolares, zapatos y uniformes para los estudiantes, los datos reflejan a la fecha un serio déficit en materia de construcción de infraestructura escolar.

El mandatario, como en años anteriores, resulta muy bien evaluado en el área de política exterior. Su Canciller se ha distinguido por "desideologizar" las relaciones exteriores y las promesas de cooperación bilateral y multilateral continúan creciendo. El déficit durante el cuarto año en esta materia se encuentra en el deterioro que sufrió la imagen del país debido a la crisis institucional.

Estando a las puertas de una elección presidencial y con una precampaña intensa que aún no permite descifrar con claridad tendencias de ganadores y perdedores, los candidatos deben analizar las diferentes auditorías de gobierno con el propósito de maximizar los aciertos y evitar que se repitan los desaciertos.

*Columnista de El Diario de Hoy.