Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Abusando del poder para perseguir

¡Qué decepción más grande ser testigo del primer gobierno de izquierda en este siglo en el país! Tenían todo para hacer la diferencia. Era crucial para el país promover la institucionalidad y la transparencia, resolver el reto de reorientar efectivamente los recursos del Estado hacia los más pobres, aliarse con la empresa privada para generar verdadero crecimiento. Y unos se encargaron de enriquecerse. Y otros de minar las bases de nuestro sistema democrático para gozar siempre del poder. Y en medio muchos que no han tenido el coraje de Manuel Sevilla. ¿Tendrá que ser alguien de derecha el que finalmente nos ayude en la transición para consolidar la democracia con equidad y justicia en el país?

Son obvios los muchos pecados del pasado. La empresa privada en demasiadas ocasiones influenció la institucionalidad del país en su beneficio. Algunos empresarios parece que preferían competir manipulando las instituciones del Estado para dañar a la competencia o evitar que apareciera. Los pobres siempre han terminado con el peor resultado en la ecuación del desarrollo. Los que ostentaban poder político en los años antes de la guerra hacían uso del poder militar para acallar la oposición, para torturar y asesinar. No se libraban ni las personas vinculadas al capital tradicional. Sólo hay que recordar cómo Enrique Álvarez Córdova terminó torturado y asesinado. Como "Carlos Montoya" lo conocían algunos de los que hoy manchan su memoria con prácticas políticas del pasado.

Pero no se trataba de llegar al poder para repetir todos esos errores y encaminarnos hacia el precipicio al estilo Venezuela. ¡Qué vergüenza! Me da pena ajena por todos aquellos que le dieron el triunfo al presidente Mauricio Funes. La política ya apestaba y los sectores medios profesionales decidieron confiar en una izquierda con piel de oveja. A todos nos salió el tiro por la culata. ¡Qué desastre! La estrategia de intimidación y persecución política velada echada a andar en los últimos meses del proceso eleccionario es sólo la cereza de este podrido pastel.

El caso CEL-ENEL es preciso ejemplo de lo que significa malgastar el dinero del pueblo y perseguir a inocentes, sólo para que el presidente los pueda tratar de corruptos sin sentencia alguna. No, este no es el país con el que soñamos. Todos los que nos resistimos a los gobiernos militares soñábamos en un país diferente. Un país con libertades y donde la persona fuera el centro del actuar público. Un país con equidad y con oportunidades para todos. Un país genuinamente democrático.

Definitivamente ser de izquierda no puede ser igual a estar de acuerdo con este gobierno y con lo que los dirigentes del FMLN le quieren recetar a la fuerza al país, gracias en parte a los millones que Venezuela deja en Alba como préstamo a largo plazo y en condiciones fuera de mercado. Definitivamente ser de izquierda no puede ser igual a estar de acuerdo con el asesinato público y moral de personas como las involucradas en el caso CEL-ENEL. Ahora cumplir la ley puede ser motivo de persecución política si le conviene al que detenta el poder. La lesividad de una ley debe presentarse a la CSJ en el plazo oportuno y no debe generar una acusación penal. Definitivamente ser de izquierda no puede ser igual a aguantar toda la irracionalidad del ataque del gobierno y del FMLN a los empresarios.

¡Cómo pueden haberse olvidado tan rápido de dónde venimos! ¡Cómo pueden ahora con facilidad usar el poder del Estado precisamente para perseguir políticamente a los contrarios! ¡Cómo se han atrevido a enriquecerse a costa del pueblo luego de tanta sangre derramada! ¡Qué fácil es ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio! Ojalá todavía quedara algo de decencia en nuestros líderes gubernamentales, aunque es difícil esperarlo. Dentro de toda esta decadencia, la única buena noticia es que los días siguen corriendo.

*Columnista de El Diario de Hoy.