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Abuelita, abuelita

Abuelita, abuelita. ¡Qué ojos más grandes tienes! ¡Qué orejas más grandes tienes! ¡Qué dientes más grandes tienes! Son para comerte mejor, dijo el lobo, y se abalanzó sobre ella para devorarla. Así la historia de la Caperucita Roja.

Gracias a la intolerancia y al dogmatismo hemos podido en pocas ocasiones descubrir al lobo vestido de abuelita. Ya sin pena el FMLN muestra nuevamente su verdadero rostro antidemocrático. Su propio secretario general, Medardo González, ha declarado que la última sentencia de la Sala de lo Constitucional es un ataque a los partidos. ¿Cuándo comprenderá este señor que el poder reside en el pueblo y que el pueblo está formado por millones de individuos, de personas, que por supuesto son más importantes que el partido?

Caperucita Roja no logró detectar a tiempo que no se trataba de su querida abuelita. A algunos de nuestros compatriotas les está pasando lo mismo. Les está tomando demasiado tiempo darse cuenta de la verdadera naturaleza del FMLN, pero las cosas están cambiando. Cada vez es más difícil para sus líderes actuar adecuadamente en una democracia. Les molesta el poder de la ciudadanía. Les molesta la libertad de expresión. Les molesta la libertad a secas.

Consistentemente la Sala ha aprovechado demandas interpuestas para ir fortaleciendo todo aquello que promueva el poder ciudadano. Primero los ciudadanos, no los partidos políticos. Por razones, ahora evidentes, la Constitución de la República de 1983 comienza con la persona humana y los fines del Estado. "El Salvador reconoce a la persona humana como el origen y el fin de la actividad del Estado (Art. 1 Cn)".

Nuestra Constitución precisamente le otorga a los ciudadanos el poder de elegir a sus gobernantes (Art. 72 Cn) y por muchos años, gracias a la viveza de los políticos, los ciudadanos no elegíamos, sino que las cúpulas de los partidos políticos, en especial en el caso de los diputados. Ya en el año 2012 comenzaron a soplar los vientos de democratización y de libertad. Ahora con la sentencia reciente la Sala determina que nuestra Constitución exige que el ciudadano pueda votar libremente, sin limitaciones partidarias. El voto por rostro, ahora cruzado, permite que cada uno pueda elegir a sus representantes dentro de las ofertas de todos los partidos políticos.

Por supuesto que sufrirán las cúpulas, pero sólo aquellas que quieran vivir eternamente en el puesto y que se les haya olvidado que la política es una de las formas más altas de la caridad. Por supuesto que el incremento de poder de la ciudadanía dañará a los partidos, pero sólo aquellos que quieran permanecer en el oscurantismo, que sean partidarios de regímenes totalitarios, que no crean en la libertad del hombre y de la mujer. Por supuesto que la política no volverá a ser lo mismo, ahora que los ciudadanos tendrán el poder absoluto de elegir a aquellas personas más honestas, más preparadas, más idóneas para ocupar cargos públicos.

En una lectura valiente de la realidad política, ARENA decidió hace meses liderar un proceso de renovación en el partido, que es ahora ejemplo para el país. En el mes de julio de este año abrió sus puertas para que todo aquel ciudadano que quisiera contribuir a hacer de El Salvador un país mejor se inscribiera, se afiliara y se expusiera a ser electo en primarias internas. Así hay que abrazar el futuro. Ya no podemos seguir sosteniendo en nuestras manos la historia de nuestro difícil pasado. Debemos aprovecharlas para poder sostener la historia que queda por construir.

¡Bendita la Sala de lo Constitucional! Hombres valientes que serán recordados por nosotros los ciudadanos como precursores de nuestra verdadera democracia. Ya no hay vuelta al pasado. Usaremos el poder para elegir a aquellos candidatos en los que confiemos. Y ahora ya no habrá caperucitas rojas que sigan diciendo: Abuelita, abuelita, ¿por qué tienes dientes tan grandes?

*Colaborador de El Diario de Hoy.