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Abrir las urnas…¿Unas pocas? ¿Todas?

Escribo este artículo el jueves 19. He leído la carta de Paolo Lüers a los magistrados del TSE y "Las urnas de la discordia", de Salvador Samayoa. Estoy de acuerdo con todo lo que dicen y si voy a escribir en la misma línea creo que será para lectores más sencillos y basándome en razones de sentido común. Como quien dice escribir "en román paladino, el lenguaje que habla Juan con su vecino". Pero para darle un toque ocasional, intelectualista, diré como el famoso escritor suizo Friederich Dürrenmatt que "raros tiempos éstos en los que es necesario demostrar lo evidente".

Porque es evidente que cada vez se siguen descubriendo más actas de la pasada elección que son indiscutiblemente falsas. Entonces lo lógico, lo de sentido común, lo de justicia, por encima de cualquier pretexto que se quiera poner en contra, es que hay que abrir las urnas correspondientes porque la finalidad de la elección es saber si los votos de los electores han sido asignados a quienes ellos eligieron. Si no se quieren abrir ¿qué pasa con esos votos? ¿Qué no cuentan? ¿Con qué derecho alguien, aunque tenga el nombre de magistrado ---ya se ve que es indigno de ese cargo--- puede decir que no cuentan? ¿Cómo se atreve a cometer esa flagrante injusticia? Para el ciudadano corriente, sin filiación política, como soy yo, pero con sentido común, no abrir esas urnas no es más que un insulto al electorado, violencia aunque se quiera amparar con argumentos legales o prácticos. Una ley injusta no es ley, sino violencia legalizada. Y los que se oponen a abrirlas deberían ser llevados a juicio y condenados duramente por su grave daño al derecho, al respeto a los votos de esos ciudadanos y a la democracia en general.

Pero hay algo más. Cunde la opinión, entre los que estamos lejos del cabildeo que ya se está formando entre los partidos ---yo te doy esto , pero tú me das eso otro, etc.--- que el fraude es mucho más extenso de lo que muestran esas actas "surrealistas". Y lo único que dignificaría esta extraña elección y le daría verdadero valor democrático, sería abrir todas las urnas y contar, ante personal cualificado y testigos de los medios informativos, todos los votos.

Un reto: atrévanse a elegir diez actas que no muestran irregularidades, donde en ellas todo parece conforme a la ley. Y después abran las urnas correspondientes. ¿Seguro que en las diez habría conformidad entre los votos y lo reseñado en su acta? ¿Seguro que estarían bien contados los votos cruzados?

Me atrevo a proponer para el futuro algún modo de mejorar las elecciones haciendo que no se pudiera votar por bandera. Elegimos diputados y la responsabilidad de su trabajo debe ser la de cada uno de ellos. Deben ser personas libres y responsables de lo que hacen, no títeres manipulados por unos pocos dirigentes del partido. Un método podría ser, por ejemplo, que si para un departamento, como el de La Libertad, se puede elegir un máximo de diez diputados, de la lista de diez de cada partido, marcar sólo la bandera fuera voto nulo y de la lista de diez sólo fuera válido marcar ocho. Las otras dos posibilidades podrían ejercerse marcando algún diputado de los otros partidos o no marcar nada más.

Así se hace en otros países: se marcan personas, bien individualizadas, no partidos y precisamente por eso, a la hora de la reelección, el diputado que ha trabajado mucho y bien, es reelegido y el que no, no.

En fin, es triste pero con la actual elección no sólo no hemos avanzado en democracia sino que hemos retrocedido notablemente. Y todos los tramposos quedarán impunes. Me gustaría que, al menos, cuando sea publicado este artículo mío, se hayan decidido a abrir y contar los votos de todas las urnas cuyas actas habían demostrado claramente su falsedad. Pero la verdad es que tengo poca fe en que eso se haga realidad.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com