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Yo aborté y sufrí las secuelas

Tengo siete hijas que son mi felicidad, pero jamás olvidaré a quien no pude cargar, arrullar, besar, apapachar, por culpa de un aborto.

¿Era el varón ansiado para completar ambos géneros en nuestra descendencia? ¿O habría sido otra niña? Si era varón, ¿al crecer habría sido el soporte de su padre en la vejez, en la agricultura, en los quehaceres varoniles?¿Habría tenido ojos claros como su papá, o pelo rubio como su abuela paterna y como varias de nuestras hijas, o pelo y ojos oscuros como yo y resto de hermanas?¿Habría sido escritor/a como somos varios en la familia, entre éstos ya algunos nietos: Christian (27), abogado, o Nicole y Beatrice Marie, adolescentes?¿Habría sacado la veta artística de cantante, pintor, pintora, empresaria/o como muchos en nuestra familia, o por el lado de su papá, un agricultor, o cazador? Tendría unas ocho semanas de embarazo al suceder. Habría nacido en 1964, pero jamás, en mi pensamiento, ha dejado de existir.

Aconteció después de tener a mi quinta hija. No se formó. Sólo se malogró, aún con todos los cuidados por salvarlo. Estuve en reposo, literalmente inmóvil, desde el momento que tuve amenaza de pérdida a las siete semanas. Entré en profunda depresión. Me costó reponerme. Pero lo que más golpea es tenerlo presente en tu vida sin poder verlo.

Las secuelas de un aborto, espontáneo o provocado, son confirmadas en estudios médicos y de universidades. Expongo el de la Dra. Anne Speckhardm de Minnesota University, que concluyó que el 81% de madres piensa en su hijo abortado. El 54% de las que se lo provocan tiene pesadillas, y el 96% de quienes se lo provocaron, sentía haber terminado una vida.

Para mí, al principio, ver algún bebé de cualquier edad, era especular que así estaría el mío. En cada período, lo imaginaba empezando a caminar, luego en su kínder, en primaria, secundaria, graduación, universidad. Seguir la vida de tu bebé nonato, es secuela inevitable. Radica en la naturaleza maternal antropológica biológica de la mujer. Aunque lo nieguen los abortistas.

Recibimos insultos de ellos en las redes, por oponernos al aborto; por, categórica y auténticamente, defender la vida de madre e hijo, porque esas madres muchísimas veces mueren en las clínicas abortivas del mundo, por más alegatos de aborto seguro que claman, siendo tal alegación una descarada rotunda mentira.

Una de las principales instancias de nuestra lucha es evitar la trágica realidad de niñas y adolescentes violadas por hombres de su propio entorno familiar. Legalizar el aborto le daría vía libre a todo violador para seguir abusando y sometiendo a un continuo infierno de violación-embarazo-aborto en su propia casa, a su víctima niña o adolescente, que temerosa, callará.

En este punto, es bastante oscura la insistencia de algunos diputados hombres en legalizarlo, ya que conociendo esta situación expuesta, es lícito preguntarse si no están buscando su propio beneficio.

Si no tienen consciencia ni piedad para condenar a morir a indefensos bebés, mucho menos la tendrán para abusar sexualmente de indefensas víctimas jovencitas en sus propios hogares…. "Ojos vemos, corazones no sabemos", este pensamiento va dirigido también a los podridos extranjeros y nacionales y corruptas mujeres pagadas por estos aberrantes individuos, que piden la muerte de nuestros niños.

Para conocer más del aborto, adquiera mi libro "Al filo de mi pluma", en las múltiples librerías de prestigio.

* Columnista de El Diario de Hoy.