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La vigilia pascual anuncia que Dios es luz del mundo

El rito inicia con la bendición del "cirio pascual", una vela que tiene grabadas las letras griegas Alfa y Omega y las cifras del año en curso

El fuego que enciende el cirio pascual es tomado de una fogata. La bendición es realizada por un sacerdote afueras del templo. Foto EDH / Cortesía Presbítero César Hernández

El fuego que enciende el cirio pascual es tomado de una fogata. La bendición es realizada por un sacerdote afueras del templo. Foto EDH / Cortesía Presbítero César...

El fuego que enciende el cirio pascual es tomado de una fogata. La bendición es realizada por un sacerdote afueras del templo. Foto EDH / Cortesía Presbítero César Hernández

Imagínese la siguiente escena: un amigo suyo lo invita a su fiesta de cumpleaños y usted no va. ¿Cómo cree que se sentiría su amigo? ¿Triste? ¿Decepcionado de usted?

Durante la Semana Santa, el día más importante para los cristianos católicos es el sábado, que inicia con el rito del fuego de la Vigilia Pascual y que marca la existencia de un Dios resucitado.

Por ello, más que el viernes santo, donde se vive la pasión y muerte de Jesucristo, lo esencial para el cristiano católico debe de ser el denominado Sábado de Gloria, con su liturgia que inicia por la noche y se extiende hasta la madrugada del Domingo de Resurrección.

La primera parte de la celebración del sábado consiste en el fuego nuevo, que recuerda que para poder vivir con luz hay que tener a Cristo en el corazón, que es la luz de nuestra vida.

Por ello, el sacerdote inicia la celebración, afuera de la iglesia, diciendo: "Que la luz de Cristo resucitado disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu".

Según explica el presbítero Edwin Baños, párroco de la iglesia San Miguel Arcángel, de Santa Ana, el fuego simboliza luz.

"Lo encontramos en la Biblia. Dios hace su manifestación por medio del fuego, en la zarza ardiente, cuando el pueblo de Israel va peregrinando sobre ellos; y el broche de oro, el día de pentecostés, cuando el Espíritu Santo hace su manifestación en lenguas de fuego", dice.

El rito inicia con la bendición del "cirio pascual", que es una vela de considerable grosor, que tiene grabadas las letras griegas Alfa y Omega y las cifras del año en curso.

Además, está adornado con granos de incienso, según una tradición muy antigua, que han pasado a significar simbólicamente las cinco llagas de Cristo.

La bendición la hace el presbítero haciendo la señal de la cruz en el cirio, diciendo: "Cristo ayer y hoy, principio y fin, alfa y omega, suyo es el tiempo y la eternidad, a Él la gloria y el poder".

Del fuego de la fogata, que ha sido bendecido, se enciende el cirio. Desde ahí los fieles católicos van prendiendo sus velas, poco a poco.

Posteriormente, se realiza una procesión. En ese recorrido se hacen tres etapas para que los fieles puedan encender su vela. En cada etapa, que es cuando el sacerdote se detiene para que los feligreses tomen el fuego del cirio, el presbítero dice: "Luz de Cristo", mientras eleva el cirio.

La idea es que al ingresar al templo todos entren portando la luz en sus manos.

"Lo importante de encender las velas es que la luz debe salir del cirio, que ya está bendito", explica Baños.

En el templo

Cuando toda la comunidad cristiana entra a la iglesia, esta se encuentra a oscuras y se va iluminando poco a poco con la luz de las candelas.

Por su parte, el sacerdote celebrante coloca el cirio frente al ambón, que es donde se proclama el pregón pascual.

Este último es un antiguo himno alusivo a la noche de Pascua, que proclama la gloria de la resurrección de Cristo, que envolverá toda la liturgia de esa noche.

En ese lugar la celebración litúrgica cobra su centralidad porque si bien es cierto que ya se comenzó la liturgia, el sacrificio no se ha instituido todavía.

Es por ello es que el altar está "desnudo". No hay flores, no hay luz. Solo la luz de las velas iluminando y anunciando que estamos pronto a celebrar su resurrección.

De acuerdo con Baños, esta celebración es poco reconocida por los fieles católicos quienes, en su mayoría, prefiere sólo participar de las actividades del viernes santo.

"La gente prefiere ir más al Santo entierro porque el mundo católico tiende a considerar más el dolor, la pasión, la cruz, el sufrimiento, a valorarlo muchísimo más que la alegría del júbilo, la luz que es Cristo resucitado", reconoce el sacerdote.

Sin embargo, aclara que si los cristianos se quedan con esas celebraciones del viernes y omiten participar en las actividades del sábado, "están quedándose con un Dios muerto y no con el Cristo vivo", explica.

"Está bien ir a la playa el sábado por la mañana; pero en la noche es importantísimo que participen de la vigilia Pascual", dice Baños.

Berta Linares es una de las fieles católicas que, año con año, participa activamente de esta actividad en compañía de su esposo, hijos y nietos.

Para ella y su familia, la Semana Santa no tendría sentido si no se celebrara la resurrección de Cristo.

"San Pablo dice que si Cristo no ha resucitado, vana sería nuestra fe. Así que yo no puedo quedarme solo con el Santo Entierro, que sería como celebrar la muerte de Cristo, sino que también tengo ir a la Vigilia Pascual para celebrar que Cristo ha resucitado", dice la mujer de 65 años.El rito inicia con la bendición del "cirio pascual", una vela que tiene grabadas las letras griegas Alfa y Omega y las cifras del año en curso

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