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Una noche a luz de vela en Ahuachapán

b La ciudad recibió a cientos de turistas y pobladores con música, bailes, comida y miles de farolitos

Una noche a luz de vela en Ahuachapán

Una noche a luz de vela en Ahuachapán

Una noche a luz de vela en Ahuachapán

AHUACHAPÁN. La celebración de los farolitos trasforma el ambiente tranquilo del pueblo en toda una fiesta, el reencuentro de amigos, consentir el paladar y, especialmente para los fieles católicos una visita a la iglesia para contemplar en el altar la imagen de María.

Este sábado por la noche, la algarabía llegó de punta a punta de la ciudad, no obstante a una leve llovizna que al filo de las cuatro de la tarde refrescó la ciudad y nunca bajó los ánimos a nadie.

Frente a los centros educativos, los alumnos deleitaron a todos los transeúntes con las variadas melodías de sus bandas de paz.

Desde las 6:00 p.m. el Instituto Nacional Alejandro de Humboldt se ganó la admiración de la concurrencia con el grupo de violines que interpretaron magistralmente diversas composiciones.

Y mientras escuchaban la música, los visitantes también disfrutaban de las vistosas estructuras fabricadas por los estudiantes y adornadas con cientos de faroles multicolores.

La Casa de la Cultura, un inmueble antiguo y de belleza arquitectónica, también se puso su mejor traje. Ahí hubo estatuas vivientes y diversas presentaciones artísticas.

La pólvora, reventada frente a la iglesia El Calvario iluminó el cielo de colores para deleite de las familias completas que no quisieron perderse este singular festejo que tiene lugar cada 7 de septiembre.

En los barrios ahuachapanecos, los vecinos han competido por tener el mejor escenario, cuyos protagonistas son siempre los coloridos faroles iluminados con velas en su interior.

Con mucho esfuerzo y dedicación, los barrios Las Flores y Santa Cruz se han ganado a pulso la fama de hacer esmeradas y creativas estructuras.

Debido a que este año la celebración fue sábado, las excursiones se incrementaron y hubo mucha más asistencia a esta tradicional fiesta.

En la capilla del Hospicio San José, las religiosas elaboraron un altar especial dedicado a la Virgen María, cientos de personas desfilaron para admirarlo en detalle.

Muchos después de caminar por casi toda la ciudad, buscaron en el parque central un espacio donde descansar y deleitarse con la fiesta gastronómica a la vista.

Las carnes, las pupusas en sus diferentes variedades y otras exquisiteces de la cocina criolla también estuvieron presentes para satisfacción de los asistentes.

Muchos visitantes, tras el recorrido se preparaban para regresar en las excursiones a sus lugares de origen.

Sobre la fiesta de los farolitos pesa mucho la fe, pues algunos lugareños aseguran que cuando no existía la energía eléctrica, colocaban antorchas encendidas con resina de ocote en la parte superior de las puertas, luego salían en procesión con antorchas por las principales calles.

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