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Tráfico pesado afecta la salud mental de los usuarios del transporte

Psicólogos señalan que el Goes debe crear políticas encaminadas en el tema

Los pasajeros viajan varias horas de pie y con la incomodidad de apretujarse al caminar. Fotos EDH / MAURICIO CÁCERES

Los pasajeros viajan varias horas de pie y con la incomodidad de apretujarse al caminar. Fotos EDH / MAURICIO CÁCERES

Los pasajeros viajan varias horas de pie y con la incomodidad de apretujarse al caminar. Fotos EDH / MAURICIO CÁCERES

Los constantes embotellamientos que se producen a diario en San Salvador son, en gran medida, consecuencia de los trabajos de Obras Públicas.

Pero no se puede ignorar el trasfondo del problema del tráfico pesado y las repercusiones que éste genera en la salud mental de los millares de personas que viajan, ya sea en transporte público o en vehículo particular.

Abordar un bus se vuelve toda una aventura. Sentados, parados y muchos otros pasajeros deben viajar a diario colgados en el transporte público.

La directora de la Clínica del Sol, la psicóloga Dora Beatriz de Sol, afirma que, a la larga, esa manera de viajar repercute en la salud de las personas.

"Eso no es sano y la rutina va agravando el nivel de estrés", afirma De Sol.

La especialista lamenta que los que utilizan a diario el transporte público se enfrenten al abanico de problemas al momento de trasladarse de un lugar a otro.

"Cuando esta gente llega a sus lugares de trabajo o a estudiar, ya llega cansada, irritada y molesta por todo lo que vivió en el trayecto. Incluso se sienten desvalorizados por sus jefes si les descuentan por la llegada tardía", explica De Sol.

Y no es para menos, con la construcción de los carriles segregados del Sistema Integrado de Transporte del Área Metropolitana de San Salvador (Sitramss), en el bulevar Nacional del Ejército y en la Alameda Juan Pablo II, desde junio del año pasado, los conductores y pasajeros atraviesan las vías en 45 minutos o hasta una hora y media. Antes circulaban en menos de 30 minutos.

Fernando Torres vive en Tonacatepeque y trabaja en las cercanías de la alcaldía capitalina. Él cuenta que es usuario de la ruta 115, la que le facilita su llegada a Altavista, que es donde aborda la 29c2.

Relata que su día arranca a las 3:00 de la madrugada, cuando antes de las obras de Sitramss podía levantarse a las 5:00 de la mañana.

"Nos toca más pesado a toda mi familia. Mis niños se levantan a la misma hora para salir todos a tiempo. Estamos más cansados con el tráfico. Mire hay noches que solo llegamos y nos dormimos sin cenar por el cansancio", cuenta Torres.

Como él, son más de 430 mil usuarios del transporte público de pasajeros que vienen de las zonas de Soyapango, Ilopango y San Martín hacia la capital. Y también se exponen al caos vial por necesidad.

Al mencionarle a Laura Cubías la palabra tráfico, ni dejó terminar la pregunta y expresó: "Es algo que me estresa. No lo soporto, pero qué voy hacer. Este gobierno me ha obligado a sufrirlo cada día".

A ella no le ha ido bien en su trabajo por los congestionamientos viales. Entra a las 7:00 de la mañana de lunes a sábado. Le dan 10 minutos de gracia para llegar y si se pasa, le descuentan media hora.

En los siete meses de construcción del Sitramss ha acumulado descuentos de hasta 30 dólares "y con el sueldo mínimo. ¡No es justo! y ¡no es mi culpa!", manifiesta enojada.

Cubías se empeña a salir una hora y media antes para no enfrentarse con los inconvenientes de tráfico, pero alega que "es por gusto" porque la circulación es impredecible en el bulevar del Ejército.

"Ya vio esa cosa que están construyendo adicional (el paso a desnivel de la 50a. Avenida Norte), es por demás que no hallemos tantos problemas. Hasta migraña he empezado a padecer desde el año pasado", afirma la afectada.

A eso se suma la zozobra con la que viajan los pasajeros, ya que la inseguridad y los asaltos hacen que teman por sus vidas. Algunos viajeros de la ruta 29c2 hasta han estimado la hora de los robos y los trayectos.

"De aquí de Altavista hasta Metro no asaltan tanto, el problema es cuando regresan para acá. Eso si es yuca y peor si es en la noche", afirma Regina Lobo.

En el bulevar del Ejército circulan 50 mil vehículos diarios, de los cuales 1,955 son buses y microbuses, lo que significa que en su mayoría son automotores particulares, que no se salvan del caos.

El psicólogo Vladimir Menjívar, de la Escuela de Psicología de la Universidad Dr. José Matías Delgado, menciona que la temática coincide "con el incremento de los accidentes de tránsito, el hecho de que estemos viviendo bajo bastante estrés".

Menjívar insta a las autoridades a sensibilizarse con la salud mental de los ciudadanos y a no ver como punto secundario pasar dos o tres horas "metidos" en el tráfico.

Por su parte, De Sol lamenta que el Gobierno de El Salvador (Goes) haga muy poco al respecto.

"Desgraciadamente nuestros políticos no planifican la intervención de calles con una visión futurista. Lo hacen solo para resolver el problemita del momento. Vemos que tienen que cerrar una calle para mejorarla, para ampliarla y afectan otras arterias", asegura la psicóloga.

Motoristas afectados

Muchos pasajeros se quejan del maltrato que reciben de los motoristas de los buses y microbuses, sin embargo, ellos también se exponen cada día al caos de la ciudad.

Noel Robles trabaja desde hace cinco años en las rutas de Accopat. El conductor cuenta que en la actualidad hace hasta tres horas desde Altavista a Metrocentro y viceversa.

Antes del Sitramss lo recorría en una hora y media.

Robles asegura que exponerse a diario con los embotellamientos es cansado.

"Es inevitable no sentirse agotado y hastiado, pero necesito comer y mi familia también," expresa.

Otro compañero cuenta que lo han asaltado más de tres veces y lo recuerda por una cicatriz en su cuello, la que lamenta y lo mantiene a la expectativa en su labor.

"Un trabajador con buena salud mental es alguien que rinde mejor y es lo que un país necesita para crecer", detalla De Sol.

Los profesionales en sicología, pasajeros y conductores, coinciden en que el caos vial no debe ser un tema tomado a la ligera, sino analizar la forma en la que afecta la población, planificar e invertir en obras que vayan de la mano con el resguardo de la salud mental y sus implicaciones.

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