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Tradiciones perdidas con el paso del tiempo

En 1777, Silvestre García, un escultor salvadoreño, entregó a la iglesia la imagen del Patrono y se comenzó a representar la Transfiguración como la conocemos hasta hoy, cuenta el presidente de la Asociación Cofradía del Divino Salvador, Nick Mahomar.

En aquel entonces la procesión solemne salía de la Iglesia El Rosario —antigua Catedral— hacia la Plaza de Armas, hoy Libertad, donde se hacía la ceremonia.

En 1873 y luego de un gran terremoto que destruyó toda la capital, comienza la construcción de la nueva Catedral frente a la Plaza Barrios y cinco años más tarde se trasladan las festividades del Rosario al nuevo templo, cuando la iglesia es inaugurada.

Sin embargo, en 1951 el templo es consumido por un incendio y pasan más de 40 años en construcción de la nueva Catedral, por eso las fiestas regresan al Rosario.

Según Mahomar, durante décadas el Patrono recorrió la ciudad montado en un vehículo que poseía una estructura con un pedestal de 17 metros de alto, que permitía ver al Patrono desde cualquier rincón de la capital.

Los primeros años no había electricidad y recorría las calles sin problema. Cuando la energía llegó, los empleados de la compañía de luz cortaban los cables previo al recorrido de la procesión y luego que esta pasaba, regresaban a conectarla.

Cuando se reinauguró por fin la Catedral, la carroza recorría las mismas calles de hoy en día y culminaba en ese templo, donde bomberos previamente escogidos y vestidos con saco y corbata, se encargaban de bajarla de su estructura, de ahí dice Mahomar, su nombre de "Bajada". Esto dejó de hacerse hace 13 años y se construyó una estructura permanente en la Catedral, donde hoy se hace la Transfiguración.

Bailes de gala y ferias

Paralelo a las actividades religiosas y hasta mediados de los 50, el presidente de la época brindaba para los ciudadanos, un baile de gala en el Palacio Nacional. "Llegaba la clase alta, los militares y los diplomáticos, al mismo tiempo el gobierno montaba un espectáculo popular en la Plaza Barrios para el pueblo ", rememora el licenciado Héctor Sermeño, historiador salvadoreño.

Además, desde el 25 de julio se realizaba una espectacular feria comercial. "Se vendían granos, plata, oro, caballos, todo lo que se pueda imaginar; se montaba en la Plaza Mayor frente a la iglesia El Rosario y llegaba gente de Guatemala, de Honduras y del sur de México a comprar, era como la bolsa de valores de la época", relata el historiador.

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