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Tonacatepeque se prepara para el festival de la Calabiuza

Habrá un festival gastronómico, calle de las artes, desfiles, baile y el tradicional reparto de ayote en miel

Calabiuza, Tocatepeque

No tiene que ver con Hallowen, aunque por las calles de Tonacatepeque deambularán personajes de leyenda de El Salvador.

Se trata del festival de la Calabiuza, que cada 1 de noviembre se realiza en ese municipio al norte de San Salvador.

La Calabiuza es un morro seco perforado al que se le colocan ojos, nariz, sonrisa y una  vela por dentro.

La alcaldía de Tonacatepeque informó que este año han preparado un festival que estará lleno de leyendas vivientes, comida tradicional, baile y desfiles.

El festejo del pueblo de “los jicameros”, como se le conoce a los lugareños, se realiza la primera noche de noviembre y se concentra en el casco urbano.

Ronal Escobar, regidor de la comuna, informó que a partir de las 4 del domingo próximo, por las calles de esa ciudad deambularán 15 carretas chillonas; cada integrada con los personajes mitologicos del país, entre estos la Siguanaba, el Justo Juez de la Noche, El Cadejo, el Gritón de Medianoche, Cadejos, entre otros.

 “Esta es una tradición cultural salvadoreña que se celebra cada 1 de noviembre en Tonacatepeque, en el día de los santos y que no tiene nada que ver con Halloween ni fiestas afines”, explicó Escobar.

Fiesta para pedir ayote


Los organizadores informaron que originalmente la tradición nació cuando jóvenes y niños recorrían las viviendas de Tonacatepeque para pedir ayote en miel.

Los niños y jóvenes iban de casa en casa con morros y velitas a pedir cuchamperes, güisquiel o ayote en miel.

La tradición representa una forma de recordar a los Santos Ángeles, en el Día de los Inocentes.

En el recorrido, los participantes iban cantando un estribillo que dice:  “Ángeles somos y del cielo venimos pidiendo ayote para nuestro camino mino mino”.

Las familias a cuyas puertas tocaban los niños y jóvenes participaban del evento entregando porciones del ayote en miel que habían preparado con antelación.

Escobar indicó queel ayote era depositado en morrales, bolsas o cebaderas; y al final del recorrido era repartido entre los niños y jóvenes del grupo participante.

“La alegría de los niños aumentaba cuando alguna persona que todavía no había terminado de preparar su ayote, les regalaba dinero”, dijo Escobar.

Indicó que algunos de los participantes usaban máscaras y otros salían con sus caras pintadas o descubiertas y el que no tenia morro, se las ingeniaba haciendo agujeros a una pelota plástica, con el único objetivo de iluminar su camino.

“No existe un dato exacto sobre el año en que esta tradición se originó, pero al entrevistar a adultos mayores de nuestro municipio que sobrepasan los 80 años de edad, nos dicen que recuerdan como sus abuelos les contaban sus experiencias sobre sus días de pedir ayote en miel”, manifestó el regidor.

La comuna ha coordinado con la Policía Nacional Civil para brindar seguridad durante las celebraciones del tradicional festival.

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