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Son 215 metros de sal hechos arte

Cada Viernes Santo la ciudad de Sensuntepeque se engalana con una gigantesca y vistosa alfombra de sal, que ya se ha convertido en patrimonio de la ciudad.

Cada año la megalfombra de sal lleva un diseño único y un mensaje especial. foto edh /cortesía.

Cada año la megalfombra de sal lleva un diseño único y un mensaje especial. foto edh /cortesía.

Cada año la megalfombra de sal lleva un diseño único y un mensaje especial. foto edh /cortesía.

CABAÑAS. 1994 marca el inicio de lo que es ya una tradición y un patrimonio en Sensuntepeque, la confección de la llamada megalfombra de sal, que ocupa toda la 1a Calle Poniente del barrio El Calvario.

Todo comenzó cuando cuatro lugareños y un capitalino principiaron la elaboración de una pequeña alfombra de unos 50 metros de longitud, que despertó la curiosidad de los habitantes del barrio El Calvario y la admiración de la gente.

Ramiro Gallegos, un alegre maestro, su esposa Patricia, y Luis Amaya, también educador; se unieron al talento y creatividad del pintor de profesión, Denis Alfaro, para crear esta obra que cada año ha ido alcanzado mayor longitud. Hoy supera los 215 metros.

Los diseños, el uso de colores vivos y las sorpresas que cada año don Denis colocaba, fueron atrayendo a más sensuntepecanos, sobre todo jóvenes, que aprendieron junto a él una técnica única y secreta, que le da a esta megalfombra, un diseño muy particular, como en tercera dimensión.

Muchos sensuntepecanos crecieron haciendo la alfombra de la 1a calle, y aunque algunos emigraron a los Estados Unidos, siguen enviando dinero para la compra de las 9,000 libras de sal que se usan.

Agrupados en la organización Sigma, los sensuntepecanos residentes en Los Ángeles, realizan actividades en el año y envían dinero para la compra de la sal.

Una obra de todos

Cada Semana Santa, don Denis y los voluntarios, que pronto se convirtieron en sus discípulos y que hoy superan las 200 personas, innovan tanto en el motivo que adorna la alfombra, como en los objetos que lleva.

Homenaje a los migrantes, el calendario Maya, el tsunami que afectó Indonesia en 2004, el atentado a las Torres Gemelas en 2001, y hasta la muerte del primer soldado salvadoreño muerto en Irak, Natividad Méndez, han sido parte de los diseños, porque según don Denis siempre debe llevar un mensaje.

Desde diciembre del año anterior, el entusiasta pintor comienza a planificar lo que hará en la siguiente Semana Santa, el grupo de ayudantes ha crecido tanto que ahora hay un Comité Pro Alfombra, que recauda dinero para comprar pigmentos, pagar la comida de los voluntarios y más.

Un trabajo arduo

Diez días previos a la Semana mayor, un grupo de jóvenes realiza un viaje a las salineras de La Unión donde consiguen comprar la sal a la mitad del precio del mercado, para ese tiempo, don Denis ya tiene en su mente todo lo que la alfombra llevará.

Otros viajan a San Salvador, para la compra de los pigmentos –cuya fórmula, marca y lugar donde los venden, permanece en secreto— con ellos logran unas 30 tonalidades distintas (creadas por ellos mismos a partir de los colores primarios), los focos que se ocuparán para iluminarla, que cada año son más, y también las nuevas sorpresas que la alfombra llevará.

También se preparan 750 platos de comida y unos 500 refrigerios, además de abundante café, porque la mayoría del trabajo se hace por la noche, para evitar el asfixiante calor del verano.

El trabajo inicia la madrugada del Domingo de Ramos, cuando los voluntarios barren toda la calle, luego pintan los más de 20 postes que hay en la calle y la noche del lunes, tiran la sal.

El martes, y con improvisados rodillos aplanan la sal, una labor que les lleva todo el día.

Los jóvenes trabajan de sol a sombra, turnándose, para que no llegue el viernes sin haber culminado. Los que se cansan se acomodan a un lado de la acera, duermen un par de horas, y luego siguen en la faena.

Para la medianoche del miércoles, los muchachos se tiran a la acera para realizar el diseño, vigilados muy de cerca por don Denis y el resto de fundadores.

Él y don Ramiro Gallegos, los líderes del equipo están convencidos que cada una de las personas que esa semana están ahí, haciendo esta obra para Dios, son como una familia.

"Pasamos la Semana Santa conviviendo como hermanos, como familia. Desvelándonos y divirtiéndonos, hemos logrado muchas cosas ... cada vez hay más gente y con más ideas...es una semana de mucha alegría....", concluye emocionado don Ramiro.

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