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Sepultan niño muerto de hemofilia tras suspenderle la profilaxis

b Madres con hijos en la misma condición acompañaron el sepelio

El sufrimiento de los familiares y amigos era grande. La madre de Erick apoyará las luchas por la profilaxis para otros pacientes.

El sufrimiento de los familiares y amigos era grande. La madre de Erick apoyará las luchas por la profilaxis para otros pacientes.

El sufrimiento de los familiares y amigos era grande. La madre de Erick apoyará las luchas por la profilaxis para otros pacientes.

SANTA ANA. En una mezcla de impotencia y resignación, los amigos y familiares de Erick, de 10 años, le dieron cristiana sepultura ayer por la mañana. El menor era oriundo del cantón San Juan Chiquito, de El Porvenir.

Durante más de una hora caminaron hasta el cementerio general de Chalchuapa, en Santa Ana, donde previo a su entierro hubo una pequeña ceremonia para fortalecer a quienes le conocieron.

Erick padecía hemofilia, una enfermedad que afecta la coagulación de la sangre. Su muerte ocurrió la tarde del pasado lunes, en un lapso de 10 minutos, asegura su madre, Sonia Chinchilla.

"A él le dio una hemorragia en la cabeza, en 10 minutos quedó inconsciente, con muerte cerebral", explica Sonia, mientras observa cómo sus familiares distribuyen los cientos de rosas que llevaron al sepelio.

Durante los últimos dos años, el infante no recibió la profilaxis (tratamiento para prevenir las hemorragias internas), luego de que el hospital Bloom suspendiera el programa por falta de fondos.

El niño fue diagnosticado con hemofilia severa y estuvo en el programa preventivo.

"Si él hubiera tenido la profilaxis, eso no hubiera pasado porque él hubiera estado manteniéndose con la medicina", afirma la mujer.

Un grupo de madres de familia, que tienen a sus hijos con el mismo padecimiento, acompañó a Sonia durante el sepelio para externarle su apoyo, pero, sobre todo, para darle las gracias por el hijo maravilloso que había formado.

Verónica de Martínez, madre de Bruce, de 5 años, asegura que Erick tenía un gran corazón y siempre estaba pendiente de sus amigos.

"Aunque no estuviera ingresado, él llegaba a sus controles y lo primero que hacía era subir las gradas del hospital. No le importaba que eran seis pisos. Él siempre trataba de darles aliento a todos los niños ingresados", dice entre sollozos esta madre de familia, quien no oculta su preocupación por la falta del medicamento.

"Es algo que decepciona, da tristeza, porque uno sabe que la vida de nuestros hijos depende de eso; y hoy que perdimos a Erick, yo me pongo en el lugar de Sonia y pienso que un día va a ser mi hijo", agrega.

Hoy por hoy, el único consuelo que le queda a Sonia es recordar los momentos de felicidad que vivió junto a Erick.

Por ejemplo, asegura que cuando ella llegaba de trabajar siempre salía a encontrarla, "me quitaba los zapatos y me agarraba la cartera. Era un niño lindo", dice mientras deja escapar una pequeña sonrisa.

Asimismo, explica que antes de descubrirle la enfermedad todo era "maravilloso, porque él era un niño bien gordito, chelito. Yo estaba feliz hasta que a los 7 meses me dieron la triste noticia que él tenía ese problema. Pero yo dije: voy a salir adelante con él, lo cual así lo hice hasta que Diosito decidió quitármelo".

Pero el camino durante casi diez años no fue fácil para Sonia, pues el ser madre soltera y de cuatro hijos la obligó a no dejar de trabajar para poder costear los gastos que implicaba viajar hasta San Salvador a recibir el tratamiento.

Fue su hija Xiomara Yamileth, ahora de 20 años, la que dejó sus estudios y se encargó de su hermano.

"Ella decidió estudiar a distancia para poder llevarlo a él al hospital, a las consultas. Mi hijo la quería mucho. Hasta decía que ella era su mamá", afirma la mujer, quien aseguró que seguirá luchando por que los niños que padecen la enfermedad puedan tener acceso a la profilaxis.

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